El acoso externo que enfrenta la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde el asesinato de un estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur, registrado el pasado 18 de septiembre, es signo de la presión para desestabilizar y generar caos en la Máxima Casa de Estudios, coinciden destacados unamitas, quienes aseguran que el hostigamiento es preocupante.
Consultados por separado, afirman que, desde su creación, la Universidad Nacional jamás había sido objeto de un hostigamiento de tal magnitud, y dejan en claro que aunque esta institución educativa es autónoma, no es autárquica, por lo que las autoridades federales y locales deberían investigar a los grupos que la tienen bajo acecho desde hace un par de meses.
Actualmente siguen sin actividades la Facultad de Arquitectura, la Facultad de Artes y Diseño y la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad (Enes) Morelia, en tanto que la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de Ingeniería, Contaduría y la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, continúan impartiendo clases en línea.
“Las universidades públicas son vulnerables ante acciones de desestabilización, que son recurrentes. Por eso es de gran importancia que entre el Estado y las universidades haya una comunicación sistemática, fluida y respetuosa, como ha planteado el rector Leonardo Lomelí”, señala el investigador emérito del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Diego Valadés Ríos.
Destaca que las amenazas de detonar explosivos en diversas instalaciones académicas de la UNAM han sido atendidas de manera oportuna y responsable por parte de las autoridades universitarias.
“No puede correrse el menor riesgo en perjuicio de la comunidad. Es difícil determinar el origen de esas intimidaciones, pero el objetivo es claro: mantener la inquietud entre estudiantes, profesores y trabajadores en perjuicio de las actividades académicas. La solución del problema excede las funciones preventivas de la Universidad y es de desear que las autoridades públicas cooperen con la institución. La comunidad merece trabajar en un entorno seguro y confiable”, comenta.
El viernes 21 de noviembre, las autoridades del CCH Sur informaron que el lunes 24 de noviembre, la comunidad estudiantil retomaría las clases, a poco más de dos meses del asesinato de un alumno por parte de uno de sus compañeros, identificado como Lex Ashton.
A ese hecho le sucedieron paros, tomas de instalaciones pumas e infinidad de llamadas de alerta por supuestas amenazas de explosivos en distintos planteles unamitas.
Con alrededor de 50 años impartiendo clases en las aulas de la UNAM, José Woldenberg comenta que “hay ahí algo muy extraño contra la propia Universidad. Hemos visto cómo grupos de encapuchados han atentado contra las instalaciones”.
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El académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, menciona que en esta escuela continúan las clases en línea, porque después del paro se registraron destrozos en ese plantel.
Hasta hace unas semanas, sumaban 16 las facultades, CCH y preparatorias que se encontraban en paro o con clases en línea por acuerdo de las comunidades estudiantiles.
“No hemos podido volver a las instalaciones. Lo que se nos informó oficialmente, es que luego del paro las instalaciones de la facultad habían sufrido graves destrozos, además de robo y rapiña. Todo esto desde mi punto de vista, es muy preocupante porque la Universidad Nacional Autónoma de México es la más importante casa de estudios de nivel superior”, refiere.
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Argumenta que lo que sucede en la UNAM debería preocupar a todos los mexicanos. Dice que es necesaria una política de defensa de esta institución educativa, considerada una de las 100 mejores del mundo.
“Me da la impresión de que hay quien quiere dar la imagen de una universidad que no se puede gobernar a sí misma. Pero en Ciudad Universitaria las facultades operan de manera normal. Esto es parte de una dinámica que es muy desgastante para nuestra universidad y proyecta una imagen muy falsa”, comenta.
Woldenberg rechaza entrar al terreno de la especulación. Sin embargo, indica que “en todos estos años, yo nunca había visto un acoso contra la UNAM de esta magnitud".
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“Desde que soy profesor, desde 1975, no había visto jamás un acoso contra la UNAM de esta naturaleza. He visto movimientos de muy diferentes índoles, sindicales, estudiantiles, pero no de este tamaño. El objetivo está claro: desestabilizar a la UNAM, pero ¿a quién le interesa eso? Eso yo no lo podría responder”, dice.
Para Lorenzo Córdova, integrante del Instituto de Investigaciones Jurídicas y profesor de Derecho Constitucional y Teoría de la Constitución, señala que el hostigamiento contra la UNAM se ha acentuado con Morena en la Presidencia.
“El gobierno de [Andrés Manuel] López Obrador y el de Claudia Sheinbaum, como lo han demostrado sus hechos, han sido administraciones profundamente autonomofóbicos, para decirlo de alguna manera, (...) la autonomía les molesta, como lo demuestra el acoso al INE en su momento, a un Poder Judicial autónomo y a los órganos constitucionales autónomos”. Dice que el acoso contra la UNAM primero fue discursivo y provino de Palacio Nacional.
“El gobierno de López Obrador dijo en varias ocasiones que si la UNAM se había vendido a la derecha, que si en la UNAM nunca criticaron al neoliberalismo, que si en la UNAM no se enseñaba Derecho Constitucional, que si la UNAM se había derechizado".
“Que si la UNAM ahora se había puesto al servicio de la élite y que los académicos eran una élite.
“Algunas de las críticas más potentes a las políticas neoliberales vinieron de la UNAM. La Universidad Nacional ha sido una instancia, un órgano, por su propia naturaleza, absolutamente plural, en donde por supuesto había quien defendía posturas neoliberales, pero también había críticas a las mismas. También ha habido un acoso presupuestal. Si bien no han existido recortes claros y declarados, el crecimiento para todo efecto práctico es igual a cero”, asegura.
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Córdova resalta que en estos últimos siete años ha habido un acoso que resulta preocupante y que las autoridades tanto federales como locales deberían aclarar.
“Siempre hubo incomodidad. La UNAM, como una universidad pública, por su propia naturaleza ha sido crítica y siempre ha resultado incómoda a los gobiernos; a los del PRI en la época autoritaria, pero también a los gobiernos de la transición, pues la UNAM es una institución que, por su propia vocación, resulta incómoda para el poder.
“Pero nunca había habido tantos actos de hostigamiento ni tan sistemáticos, ni tan preocupantes como los que se han venido detonando. Yo no digo que el gobierno esté manipulando el Bloque Negro. Lo que sí me queda claro, es que éste le ha resultado funcional al gobierno, como por ejemplo para descalificar a la marcha de la Generación Z del 15 de noviembre pasado”, esgrime el investigador.