En una banqueta de la calle Regina, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, Yael Emiliano juega con un pequeño tablero de ajedrez mientras su mamá espera que alguien pase y le compre pan dulce. Todos los días, el niño de nueve años, quien ayuda con la venta y a ratos se distrae con el juego de mesa, afirma que extraña ir a la escuela y hacer todas las cosas que un niño de su edad hace.

“En la cuarentena me pongo a estudiar, le ayudo a mamá a trabajar, juego con mi ajedrez, estudio mientras mi mamá está atendiendo a la gente, ahorita estoy estudiando mucho porque ya casi entramos a la escuela, ya quiero entrar, estar con mis compañeros, jugar, salir al parque y hacer todo lo que un niño hace”, dice, sin quitarse el cubrebocas color negro.

Yael es uno de los 25 millones 400 mil alumnos de educación básica que dejó de ir a la escuela desde el 23 de marzo, fecha en que arrancó la Jornada Nacional de Sana Distancia, como una medida para reducir los contagios de Covid-19. Muchos han permanecido en cuarentena en sus domicilios, pero otros han tenido que salir junto con sus padres a desempeñar distintas actividades para ayudar con el ingreso familiar.

“Sé que no voy a la escuela porque me puedo enfermar de Covid, pero la extraño, me gustan mucho las matemáticas, en casa me aburro porque no tengo con quién platicar, con quién correr, por eso quiero que ya acabe esto”, comenta, mientras mueve una pieza de ajedrez.

Para Manuel González Oscoy, investigador de la Facultad de Medicina de la UNAM, es importante que además de las clases en línea, los menores de edad tengan actividades lúdicas que permitan desarrollar sus distintas capacidades y con ello prevenir afectaciones en su salud mental, como depresión o ansiedad.

Yael Emiliano, de nueve años, ayuda a su mamá a vender dulces y pan afuera de su casa en Regina, colonia Centro, para solventar los gastos ante esta crisis sanitaria.

“A veces no se toma en cuenta a los niños, se decide por ellos sin saber qué necesitan, en este confinamiento ellos también pasaron por etapas de duelo, puede que no pierdan el ciclo escolar por las clases en línea, pero el colegio es mucho más que eso, ahí tienen a sus amigos, el recreo, en casa no es lo mismo, y si no se les cuida y respeta, se pueden generar actitudes negativas que podrían derivar en depresión, en actitudes violentas o angustia”, opina.

Ricardo Antonio Bucio Mújica, secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, considera que el reto para la población infantil en México no se atribuye sólo a la crisis, sino a la invisibilidad en la que vive.

Nicolás, oaxaqueño de 10 años, trabaja durante la pandemia como limpiador de parabrisas en el cruce de Ejército Nacional y Molière, en Polanco. Foto: VALENTE ROSAS. EL UNIVERSAL

“Son 30% de la población que normalmente no vemos, que no son tema de los grandes asuntos nacionales, públicos, privados, y los temas que tienen que ver con ellos están muy desdibujados, como en la perspectiva de que la población adulta tomamos todas las decisiones y nos hacemos cada persona, en lo particular, cargo de sus hijos”.

Con sus 10 años, Nicolás viaja todos los días con su mamá y hermano desde Los Reyes, La Paz, en el Estado de México a la avenida Paseo de la Reforma, en la capital del país, para hacer malabares en los cruceros y así ganar dinero durante la pandemia. Luego de ver videos difundidos en redes sociales, el menor que cursa quinto año de primaria dice que el coronavirus no existe, por eso no usa cubrebocas y no cree necesario guardar la sana distancia.

“Ahorita no estoy yendo a la escuela, salgo a trabajar en los cruceros haciendo malabares, me gano al día 200 pesos, vengo con mamá, somos de Oaxaca, de San Jorge. No creo en el Covid, yo vi un video que dice que los doctores echan veneno a la gente, pienso que es mentira”, cuenta.

González Oscoy hace un llamado a la población para evitar la desinformaciónen los niños y explicarles lo más claro posible qué es el Covid y porqué hay confinamiento a nivel nacional. “No podemos tratar a los niños como tontos, no hay que ocultarles la realidad, muchas veces se hace en el afán de no espantarlos”.

Camila aprovecha que su abuela tiene que comprar medicamentos para salir a las calles del Centro Histórico en su patín del diablo y, aunque ha tomado clases en línea a través del programa Aprende en Casa, relata que extraña ir a la escuela. Admite que antes no temía al virus, pero ahora le pide a su familia y amigos que se cuiden mucho.

Hasta el 21 de mayo, la Secretaría de Salud dio a conocer la muerte de 24 menores de 20 años, de los que 54% fueron niños y nueve tenían comorbilidades como obesidad.

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