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A los 14 años, cuando cursaba tercer grado de secundaria, inició su consumo de cannabis, en las fiestas a las que iba era recurrente el consumo de alcohol, tabaco y marihuana.
“Las fiestas eran esporádicas, una o dos veces al mes, pero cuando entré a la preparatoria, en segundo año se hizo normal ir a una reunión cada semana hasta llegar a la intoxicación”, contó a EL UNIVERSAL un paciente que asiste a una clínica de la Comisión Nacional contra las Adicciones.
Cuando ingresó a la universidad, este joven de ahora 24 años decidió comprar cannabis para consumo personal y portarla. “En una ocasión con mis amigos, nos detuvo la policía para revisión de rutina y me remitieron al MP por portación de sustancias ilegales”.
Fue entonces cuando sus padres decidieron internarlo en una clínica de rehabilitación para iniciar un proceso de depuración en 60 días.
“Al salir me mantuve limpio por cinco meses, pero volví a consumir después de un pleito con mis papás, diario me echaba de dos a cuatro porros y así durante 10 meses.
Dejé los estudios y empecé procesos terapéuticos con un siquiatra y sicólogo, sin progreso, me daban sólo medicamentos que me hacían sentir idiota y babeando todo el día. Tuve un episodio sicótico y me mandaron más pastillas”.
Por este motivo decidió buscar ayuda en un Centro de Reconocimiento de Conadic, “porque quiero recuperar mi vida y que mis padres dejen de molestar”.
En compañía de sus papás, el joven asiste a la clínica de la Comisión Nacional contra las Adicciones. “Ahí me valoró un médico al entrar y me solicitó estudios de sangre que salieron normales. Me mandó a hacer un electrocardiograma con mapeo, mostrando un pequeño foco irritativo sin mayor problema”, dijo.
Las sesiones con el terapeuta se centran en sus necesidades: el médico retiró los antisicóticos de manera progresiva, así como el eutímico; le indicaron el uso de antidepresivos como fluoxetina, y se le apoya con terapia cognitivo conductual y con la planeación de estrategias para la convivencia con sus padres y familia. “Con las sesiones me ayudan a poner límites a mi autoabandono, mi crecimiento personal y espiritual”.
Al salir del tratamiento, el paciente logró retomar sus estudios. “Logré un programa de recuperación aceptando ingresar a un grupo de autoayuda de manera concomitante del tipo de narcóticos anónimos, mejorando mi auto disciplina. A dos años de tratamiento y seguimiento ambulatorio, decidí vivir solo, trabajar y estudiar simultáneamente, ahora soy independiente”, narra.
Actualmente continúa con tratamiento antidepresivo y sin consumo, “con resultados que me satisfacen”.
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