Montado en su motocicleta, color blanco y rojo, Juan Carlos Garnica se dedica a reparar estos vehículos de manera ambulante, servicio que ha crecido en los últimos tiempos por su proliferación, principalmente en el sector comercio, pero también de manera particular, pues ante la carencia de la gasolina y el aumento del tránsito, muchas personas optan por un transporte de dos ruedas para viajar.

De complexión delgada, voz tranquila y trato amable, Juan Carlos, quien estudió cuatro semestres de la carrera de Ciencias Políticas en la facultad del mismo nombre de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que arregla motos desde hace 20 años.

Platica que en los años que vivió en la colonia Del Valle de la Ciudad de México jugó también futbol americano, en equipos como Cóndores, donde tuvo que sufrir las típicas novatadas. A él le tocó ser arrojado dentro de un costal del trampolín de 10 metros de la alberca de Ciudad Universitaria, lo que le costó algunas costillas fracturadas. Era eso o era desfilar por Insurgentes con vestido y tacones. “Preferí la alberca”, dice mientras esboza una sonrisa.

Sobre la reparación de motocicletas, señala que “el oficio se fue aprendiendo, primero con mis motos personales, después salí a la Unión Americana y ahí aprendí un poco más de estos vehículos. Y más personal, con la experiencia del tiempo se fue mejorando la mano de obra”.

Dice que fue a los 20 años que se fue a Estados Unidos, donde radicó dos, siempre muy cercano a las motos, pues se dedicaba a vender estos vehículos, que en aquella época no se conseguían en México por el cierre de fronteras y aranceles que se cobraban.

Allá, en Estados Unidos, tuvo la oportunidad de “meterle mano” a motos como Triumph, Norton, VCAN, motos clásicas y que en aquel tiempo era muy atractivas para él.

Aunque tiene su taller para reparar motos, su trabajo principal está en la calle, que es donde lo requiere los repartidores y quienes realizan sus actividades diarias en dos ruedas.

Señala que es más complicado que lleven a reparar sus unidades al taller, ya que “se quedan” en las vialidades de la capital del estado.

“Lo requerían en la calle. Los compañeros repartidores se les dificulta andar yendo con la moto, o se quedan por el aeropuerto, entonces se les da el servicio o todos quedamos a gusto”, indica el hombre.

No sólo es el servicio a los repartidores, también es a mensajeros, que requieren de las reparaciones que sus motos necesitan.

La mayoría de los desperfectos que presentan las motos se relacionan con los chicotes que se rompen o algunas caídas, pero lo que más abunda son ponchaduras de llantas y reparación de cámaras.

Juan Carlos dice que también debe de moverse en moto, pues su trabajo requiere de rapidez para llegar a donde lo requiere.

La época del año cuando más trabajo tiene es en temporada de lluvias, cuando suele reparar hasta 10 motocicletas en un día, incluso hay días en donde no le alcanza el tiempo para acudir, pues es muy socorrido.

“Uno tiene que ser baratero, porque los compañeros son personas que tienen recursos mínimos en su trabajo, y a veces ellos son los que pagan sus reparaciones. Son 100 o 150 pesos, según. A veces también se les fía, por el sistema de ellos, uno se acopla al sistema de ellos”, apunta.

Juan Carlos asevera que en la actualidad el uso de motos para reparto ha crecido, pues de unos años a la fecha muchos locales comerciales cuentan con una unidad para llevar sus productos a clientes que así lo requieren. Destaca que este vehículo es más práctico para moverse en las calles y en el tránsito.

Esto genera que muchas ocasiones se generen algunos percances con los conductores de estos aparatos, aunque los motociclistas son más precavidos que los automovilistas.

El precio de la gasolina también incide en el aumento de motos en las calles, pues se convierten en un transporte eficiente y económico, así como la facilidad de estacionamiento en el Centro Histórico y en otros lugares de la capital queretana.

“Uno va al centro y es problemático el estacionamiento, y en la moto, pues de alguna manera te acomodas y tienes el acceso hasta donde vas. Te mueves a bajo precio, porque hay motos que te dan 39 kilómetros por litro y aún así hay gente que dice que gasta”, precisa el hombre.

Afirma que es un vehículo muy eficaz, ya que mientras que el transporte público rodea por muchos lados para llegar a su destino, en una moto se pueden hacer 10 o 15 minutos de camino para llegar a su destino.

También es devoto del uso de la bicicleta pues en una ciudad que no ha crecido tanto es una medio de transporte rápido y nada contaminante.

Lamenta que no haya tanta cultura vial en el estado, pues aún existen conductores que cuando ven por el espejo retrovisor que una moto los pasará en medio del congestionamiento vial les cierran el paso, lo que causa luego accidentes, en ocasiones fatales para los motociclistas.

Juan Carlos también reclama que cuando viajan dos personas en moto sólo una de ellas lleve casco, pues por la naturaleza misma del vehículo es esencial y vital viajar protegido, ya que en caso de accidente los dos viajantes corren peligro.

“No es difícil andar en moto, pues uno ya trae los conocimientos de la juventud de cuando andabas en bici y se tiene una idea. Lo difícil es andar en la mancha urbana. Es andar muy alerta en los espejos, en que se te acercan. El motociclista es quien más debe de tener precaución, uno es la carrocería de la moto y sale más afectado cuando se tienen percances. Lo más difícil es circular”, precisa.

Agrega que en la actualidad existe una fiebre por las motocicletas, principalmente las de gran cilindrada. Él se considera seguidor de las motos inglesas, que son máquinas atractivas, pero con los tiempos actuales no es muy seguro circular con una moto exótica o muy costosa.

Juan Carlos interrumpe la plática. Llega un cliente que le pide reparar una moto. Se apresta para trabajar. Va a su moto donde tiene su herramienta y se prepara para una “chamba” más.

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