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La música aumenta sensibilidad humana

Metrópoli 20/11/2012 01:13 Actualizada 08:07

El maestro Aurelio Olvera Montaño, o “Yeyo”, como algunos le dicen, nos recibe en las oficinas de la Banda de Música del Estado en la calle de Vergara, haciendo un hueco en su apretada agenda, entre reuniones para planear la grabación de un disco a beneficio para las fiestas de Navidad en la ciudad o para ultimar detalles de los cantos de una misa de aniversario luctuoso a celebrarse esta misma noche.

A sus 73 años (nació el 25 de septiembre de 1939, en esta ciudad), sus pensamientos y sus actividades están en colaborar en todo aquello que ayude a difundir la música y la cultura, a preservar las tradiciones que “nos ayuden a aumentar nuestra sensibilidad como seres humanos, a sentirnos más integrados, más a gusto, más identificados y más comprometidos con esta ciudad de Santiago de Querétaro que tiene historia y cultura que hay qué transmitir a las nuevas generaciones”, dijo.

Toda su vida ha vivido en la calle de Fagoaga, cerca del templo de Santa Rosa de Viterbo. el maestro platica que cuando era niño, la calle no estaba adoquinada como ahora, estaba empedrada. La Plaza Mariano de las Casas no existía. El agua potable no llegaba a cada vivienda. Había un tubo y una llave afuera de la casa número 7 y había que ir por ella. Sus diversiones eran jugar a las canicas, a los quemados, al burro corrido con sus amigos.

A los 10 años de edad, entró a la Escuela de Música Sacra, junto con sus hermanos, entre ellos, Luis, quien también siguió el camino de la música.

“Si tenías voz y oído, te ayudaba mucho a entrar y a que te apoyaran en tus estudios”. A pesar de su edad, aprendió rápidamente sobre música polifónica y participaba en la preparación ceremonias como las de la Semana Santa.

“Había como 60 participantes. Se ensayaba mañana y tarde. Ya en la Semana Santa, se cantaban de lunes a jueves, luego el viernes santo y domingo de resurrección”, recordó.

También rememora las idas en ferrocarril a la Basílica de Guadalupe a recibir a peregrinos queretanos a la ciudad de México.

“Disfrutaba todo… desde la espera en la estación, los paisajes del recorrido, la estancia en La Villa, el canto del Pues Concebida, la misa polifónica, todo”.

Cuenta que sus principales maestros fueron el padre Cirilio Conejo Roldán y Eduardo Loarca Castillo, quien le enseñó mucho sobre dirección coral.

La secundaria la estudió con el padre Agustín Saavedra en una escuela para obreros que estaba en Hidalgo y Allende. La preparatoria y la carrera de derecho las cursó en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), pero nunca dejó la música y los coros.

La Estudiantina de la UAQ

En 1963, a petición del entonces rector, Fernando Díaz Ramírez, participó en la formación de la Estudiantina de la UAQ. Por ella, han pasado cientos de estudiantes que, además de llevar música y alegría a las comunidades, recibieron una formación cultural y humana.

Entre los más bellos recuerdos del maestro de esta época están haber visitado al papa Juan Pablo II en los años 2003 y 2004 y haberle cantado la canción Peregrino de la fe, de la autoría del maestro “Yeyo”. El maestro recordó también a alumnos destacados de la Estudiantina como el violinista Miguel Angel Epardo, Librado Anderson, Enrique Benitez, Ángel Hernández, Javier Leyva, Eugenio Valencia, Francisco Pacheco, Víctor Garrido, Miguel Angel Reséndiz y Jorge Meré.

La banda de música

La Banda de Música del Estado, que actualmente dirige, le ha permitido desarrollar muchos conocimientos que adquirió a lo largo de su carrera, le ha permitido estrechar la relación con instituciones de todo tipo, con músicos, pero, sobre todo, con el pueblo.

“Es un trabajo muy cercano al pueblo”, dijo, sobre todo, cuando tocan en el Jardín Zenea algunos domingos por la tarde.

“La mayor satisfacción es cuando logras transmitir al público los sentimientos del creador de la obra y ver que la disfruten y que lo manifiesten con su aplauso. Cuando ves que aprecian, bailan y están alegres junto con sus acompañantes, sentimos una sensación de haber cumplido nuestra misión”, explicó orgulloso.

Aurelio Olvera ha participado en el Patronato de las Fiestas de Querétaro por unos 40 años. Lo presidió de 2002 al 2011. Menciona que desde ahí se puede palpar la intensa emoción con que viven los habitantes sus fiestas patronales y las de navidad de la ciudad. Explica que se ven auténticas demostraciones de cariño por conservar las tradiciones. Las autoridades ayudan, pero cuando el pueblo aporta lo mejor que tiene, se da una mayor presencia y continuidad a los festejos.

Reconoce que, por el crecimiento de la ciudad, hay que fomentar entre los nuevos queretanos las tradiciones, la identidad, la integración social de la familia, para que aprendan a apreciar el trabajo de los grupos y artistas locales.

“Nos hemos aislado un poco. Hay qué propiciar la convivencia, sentirnos a gusto entre nosotros, conocer nuestra historia y nuestra cultura para aumentar nuestra sensibilidad humana”, explicó.

Entre los miembros destacados del patronato, recuerda al “Charro” José Corona, a Manuel Castañeda, a Pancho Bandera, Miguel Caviedes, Nicolás González Jáuregui, Manuel Cevallos, Manuel Pesquera, Alvaro Larrondo, Antonio Loyola, Gerardo Proal, Rocío Esquivel y Coco Ontiveros, Luis Olvera, Alfonso Camacho, Roberto y Juan Servín, Francisco Perusquía, entre muchos otros.

Finalizó agradeciendo las muestras de cariño y reconocimiento que la gente ha tenido con él, como el premio Con los años a cuestas, que recibió recientemente.

Olvera Montaño invitó a los padres de familia a acercar a sus hijos a la música para que les ayuden a mejorar su sensibilidad y su aprecio por el arte.

Mostrando la calidad humana que lo caracteriza, dice que espera poder seguir trabajando por Querétaro y por los demás, sin afectar ni hacer sentir mal a nadie.