Tienen tierras para sembrar, pero no hay agua | Querétaro

Tienen tierras para sembrar, pero no hay agua

Metrópoli 15/06/2016 01:32 Actualizada 08:31

En El Garabato hay familias pobres que son ricas en tierras, pero de poco les sirven porque las desaprovechan.

El maíz que brota solamente alcanza para hacer tortillas, ya que el agua de riego les resulta un lujo, a razón de mil 200 pesos por hectárea. Y aunque tienen la presa de Tepuxtepec, desembocadura del río Lerma, la corriente se contamina por los drenajes que ahí confluyen, tanto locales como las que caen del Valle de Toluca.

Gran parte de las aguas son negras, pestilentes y generadoras de enfermedades como el cólera.

Pero no hay nada qué hacer; “no hay apoyo, no hay dinero, no hay jóvenes, siquiera”, dice Ramón Refugio, tras describir a grandes rasgos la problemática de su región.

Con 79 años de edad, este hombre creció en un Garabato que hoy suma mil 675 habitantes y del que dice no haberse alejado nunca. “Lo más lejos, a las ferreterías de San Juan del Río.”

Llevándolo a él en brazos, los padres de Ramón arribaron en 1936 al entonces flamante ejido de Chitejé de Garabato, provenientes de la zona montañosa de Chitejé de la Cruz.

Fueron campesinos que ahí aprendieron a pescar, seducidos por los huachinangos que podían extraerse con sólo lanzar anzuelos al gran río con brazos como de pulpo, cuya caprichosa silueta originó el sobrenombre de “lugar entre ríos chuecos”.

Confluencia entre Querétaro y Michoacán, Garabato nació en los años 30, como “ejemplo” de un proyecto desarrollador para comunidades rurales encausado por el ex gobernador, militar y precursor radiofónico queretano Ramón Rodríguez Familiar. De hecho, al campesino Ramón le pusieron tal nombre en honor del político benefactor. Así era en aquellos tiempos, dice.

Chitejé de Garabato se localiza en el rincón inferior izquierdo del territorio estatal, pero también en el extremo de la economía de Amealco de Bonfil, donde los indicadores del Coneval dejan ver que un 76% de las familias sufren pobreza “moderada” en un 51% y “extrema” en el 25%.

En el caso de El Garabato, su grado de marginación es “alto”, destacándose que un 34% de las viviendas no poseen drenaje y un 70% de la gente no ha concluido la educación primaria.

Problemas ecológicos tales como “erosión del suelo, derribo de árboles, aguas negras, falta de drenaje y descomposición de basura que se deja al aire libre; así como analfabetismo, carencia de fuentes de empleo y alcoholismo”, son los grandes problemas referidos por habitantes de Garabato, según un estudio de la investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Karen Paulina Muñoz Arellano, quien destaca un problema adicional: el trabajo infantil.

La población comienza a emplearse desde los 10 años, incorporándose primeramente a trabajos en la casa, apoyando a la familia. Luego se integra al trabajo de la construcción, emigrando a Querétaro, San Juan del Río, la Ciudad de México, municipios mexiquenses o bien a Estados Unidos.

“Hay un patrón típico que se mantiene”, refiere.

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