Metrópoli

Castores hacen su última carrera

Castores hacen su última carrera
08/08/2016 |00:05
Redacción Querétaro
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L a jornada sabatina trascendió a las primeras horas del domingo. René fue requerido para llevar los camiones viejos a Calzada de Los Arcos. En el lugar “despidieron” a los vehículos compactadores de basura, conocidos como castores y dieron la bienvenida a los modelos 2017 de Red Recolector.

Un total de 265 personas que durante años manejaron o corretearon a los castores serán reubicadas en otras áreas. A René le tocó el turno de la mañana, desde las cinco de la madrugada salió de su casa para llegar a tiempo al patio de confinamiento y realizar el último recorrido.

René, dos recolectores más y el chofer nos permiten acompañarlos en parte de su ruta. Al principio con una gran sonrisa en el rostro y asombrados de que alguien quiera saber qué hacen, cómo trabajan; sin embargo, al preguntarles su nombre sólo se limitaron a responder algunas preguntas.

“Se siente nostalgia”, alcanza a decir mientras recoge unas cuatro bolsas de basura que dejaron afuera de algunos domicilios. De una bolsa naranja de supermercado cae una botella de plástico que patea en dirección al castor.

—Queremos hacerles unas fotos y que nos cuenten ¿cómo van en su último día?

—Vamos bien, aquí dándole como siempre —dice uno de los recolectores moreno y delgado. Se limpia el sudor con el antebrazo mientras espera a que el camión compacte la basura que recogieron.

—¿Cuál es su nombre?

—¿Y eso para qué?

Les comentamos que queremos saber más de ellos, que cuenten a la gente sobre su trabajo, pero nada, ninguno de los tres reacciona, sólo se voltean a ver y encogen los hombros sin responder.

Los trabajadores nos dicen que les tomemos fotos y hasta nos invitan a recoger algunas bolsas y echarlas al camión, pero no podemos seguirles el ritmo.

De casa en casa cargan de dos y hasta cinco bolsas de diversos tamaños y pesos.

“Le corren harto estos muchachos”, comenta un vecino cuando nos ve caminando detrás de los personajes con los clásicos trajes anaranjados del personal de limpia.

Quienes los observan pensarían que están listos para un maratón. Por cada 10 metros que recorren a pie o trotando, otros van trepados en la parte trasera del camión recolector de basura.

Cada media cuadra accionan la palanca que compacta la basura y lleva las bolsas con desperdicios al interior del camión.

Los lixiviados escurren por la pared metálica del camión y se desprende más hedor.

“El lunes comienza el servicio de recolección y los que nos quedamos no sabemos a qué departamento vamos. Nos tenemos que presentar el lunes y de ahí veremos a dónde nos mandan”, dice un trabajador, mientra se seca el sudor de la frente con el antebrazo.

Ir detrás de ellos es el ejercicio perfecto para entrenar para correr en distancias largas y medias, la respiración se agita y apenas llevamos la mitad de la calle.

Ellos, acostumbrados al ritmo del trabajo, ni siquiera se inmutan, en lo poco que hablan no se percibe cansancio, las frases salen sin ningún esfuerzo.

“El lunes ya no estamos; les toca el servicio lunes, miércoles y viernes por la mañana”, dice uno de los trabajadores a tres mujeres que están sobre la acera.

En el último día de recolección también se encargaron de difundir los nuevos horarios de servicio, comunicación efectiva porque no a todas las casas les llegó el volante informativo que prometió la autoridad municipal.

Adiós a los hombres de trajes anaranjados. Los personajes de uniforme anaranjado ya no se verán recogiendo la basura por la localidad, serán sustituidos por otros de atuendo verde y gris.

Termina la etapa de recolección para ellos, pero serán incorporados a otras áreas de servicios públicos y para ayudar en tareas de poda de árboles, recoger tiliches, limpiar bordos o barrer calles.

Son 265 trabajadores que en febrero estaban buscando un nuevo empleo ante el anuncio de que serían despedidos del ayuntamiento.

Ese mes les ofrecieron firmar renuncia con liquidación al 100% y la posibilidad de contratarse con la nueva empresa. Sólo 49 optaron por la baja voluntaria, otros 94 fueron despedidos por incumplir con sus labores. René fue de los que renunció, pero hoy comienza una nueva aventura “a ver cómo nos va, perdimos algunas cosas en el municipio pero acá hay buenas prestaciones, a seguirle”.