Dos veces a la semana Patricia Rivera Uribe visita el Centro de Reinserción Social (Cereso) femenil de Querétaro. Un día llega con semillas, piedras, telas e hilos, que un grupo de mujeres convierte en joyas únicas: collares, aretes y pulseras, cargadas de sueños y esperanza.

El proyecto Esarte, creado por Rivera Uribe, comercializa joyas artesanales en Querétaro y San Miguel de Allende, Guanajuato. Además, algunos clientes fascinados por las piezas y su origen las han llevado a Estados Unidos, Canadá y Europa.

El segundo día a la semana que Patricia visita el Cereso es para hacer el pago de las piezas vendidas, las mismas participantes deciden el costo de su trabajo, siguiendo el esquema: trabajo digno y pago justo.

En septiembre, el proyecto cumplirá seis años, tiempo durante el cual varias colaboradoras de Esarte han cumplido su sentencia y dejado el centro; las que permanecen internas siguen creando joyas, uniendo semillas, tejiendo colores y dando aliento a este proyecto que inició como un sueño.

Mientras trabajan en los collares y aretes se oyen sus risas, algunas cuentan historias de lo que les ha pasado en el día, que si llegó una nueva chica, que si están en un nuevo taller, evocan su pasado y piensan en el futuro, siempre vigiladas por los guardias.

Desde la casa de Patricia se alcanza a escuchar el tren que cruza por la antigua estación, también se oyen los carros y camiones que pasan por la esquina, adentro se oye música suave y el ronroneo de Julia, sus ojos gatunos se mantiene cerca y vigilando mientras Patricia cuenta a EL UNIVERSAL Querétaro cómo dejó la carrera de veterinaria por las joyas.

Un viaje a Grecia, un sueño cumplido

Al salir de la carrera de veterinaria, de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Patricia realizó un viaje a Europa, en su recorrido llegó a Grecia, Atenas, y quedó admirada por el trabajo de cerámica y curtido de cuero.

“De inmediatamente pensé que yo podía hacer collares con todo eso, mis collares, podía hacer composiciones con esas cuentas de colores muy intensos, verdes y azules como el Mediterráneo, quedé impresionada, yo podía comprar tres cuentas y un cuerito griego, colgármelo, y se veía realmente lindo; entonces tuve un sueño, una tienda con todo para hacer collares y aretes y pulseras, y la imaginé en Querétaro”, menciona Rivera Uribe.

Pero el sueño no se hizo realidad de inmediato, por años se dedicó al trabajo de la industria porcina. Hasta 2003 dejó todo lo relacionado con la veterinaria, para hacer realidad lo que imaginó en Grecia.

“Pienso que fui muy valiente, como muy temeraria en tomar esa decisión, yo venía de trabajar muchos años con los cerdos y tenía un buen sueldo, era buena profesionista y me siento muy orgullosa de ese paso por la industria porcina; pero siempre pensaba que faltaba algo, no estaba completa, aprecio mucho todo lo que tiene que ver con crear, aprecio todas las artes visuales y todo esto que tiene que ver con el arte”, señala la mujer.

En 2003, la tienda de Patricia fue la primera en Querétaro que se dedicaba a la venta de bisutería y joyería. El espacio era ideal para que mujeres, principalmente, estimularan su creatividad, realizando sus propios accesorios, muy a su estilo.

“En 2003 mi tienda fue la primera tienda de venta de estos materiales, pero a finales del 2005 ya había 35 tiendas de este tipo en Querétaro y eso me obliga a analizar qué se puede hacer, porque evidentemente en un principio fue muy bueno, sorpresivamente bueno, tenía muchas ventas, había mucha gente, en 2006 tuve que reducir gastos fijos, cambié mi negocio a un espacio más pequeño pero seguí con la misma idea”, indica.

Mujeres distintas

Confiada que era el camino correcto, Patricia Rivera comenzó a vender sus propios diseños de joyería. Al poco tiempo, recibió la invitación del Sistema Municipal DIF para capacitar a un grupo de mujeres que necesitaban trabajo. Así comenzó a involucrar en su proyecto los sueños de otras personas.

“La idea del proyecto, a través del DIF Municipal, era darles a las mujeres herramientas para obtener más ingresos para sus familias, con un trabajo desde su casa, eran mujeres que no podían salir porque tenían niños chiquitos, les entregaban el material y yo capacitaba a esas señoras ”, dice.

“Trabajé con mujeres otomíes, señoras que necesitaban un ingreso extra para sus familias, sus esposos trabajaban pero no era suficiente; chicas en situación de embarazo que estaban en refugio. Todas mujeres muy hábiles y creativas”, agrega la empresaria.

Entre 2007 y 2010 trabajó a través del DIF, después recibió la invitación para llevar su joyería al Cereso femenil de Querétaro. Patricia recuerda el primer día que llegó a conocer a sus nuevas colaboradoras como un momento de gran entusiasmo, “porque sabía que ellas me podían ayudar y yo podía ayudarlas. En ningún momento fue doloroso o triste o con miedo por el lugar, no, nunca”.

El proyecto le gustó a las internas y con varias de ellas trabaja desde hace seis años. En todo este tiempo lo único que ha encontrado ahí es a mujeres, desde 24 años y hasta los 55 años, llenas de ilusión.

“No he encontrado ahí una sola mujer con maldad, he encontrado mujeres con necesidades afectivas, creo que es una idea distorsionada de lo que es un Cereso, pensamos que ahí está lo peor de la sociedad y creo que no, encuentro mucha generosidad, mucha ilusión, mucha sensibilidad, mucho entusiasmo. Muchas veces yo, con los problemas diarios, llego a dejarles trabajo y de verdad salgo como más ligera al ver su entusiasmo, verlas reír, oírlas platicar entre ellas”, expresa.

Visita el Cereso mínimo dos veces por semana, el primer día lo dedica a entregar material y diseños. Destaca que cada una de las piezas que elaboran es distinta, porque cada mujer tiene un estilo diferente, así que al adquirir una joya de Esarte se compra un diseño único.

“Nunca van a encontrar una pieza parecida a la otra, de tal manera que el resultado va a ser único y muy original, porque la forma de trabajar de cada una de ellas es distinta, algunas tienen mucha fuerza en las manos y tejen las cuentas muy apretadas y otras son más delicadas y es más suave su tejido, pero todas tienen su encanto”, refiere.

La segunda visita que Patricia realiza a la semana al centro es para realizar el pago: “Lo que me gusta es que yo decido junto con ellas el pago, pactamos lo que cuesta su trabajo. Este proyecto no es altruista, es un proyecto que dignifica el trabajo, así que independientemente de que estén adentro o estén afuera el pago es justo, no es un pago castigado por el hecho de que ellas estén internas, seguimos un esquema de trabajo digno y pago justo”.

A veces las ventas son buenas, a veces no, ese es el principal problema al que se han enfrentado los diseños de Esarte. “No ha sido fácil, en algunos momento han bajado las ventas y por supuesto que ellas tienen compromisos con sus familias y con ellas mismas”, comenta.

Además de encanto, cada una de estas mujeres tiene su historia propia, Patricia prefiere reservarse esa historia, pero a través de EL UNIVERSAL Querétaro les manda un mensaje: “Me gustaría que supieran que estoy orgullosa de tener un equipo altamente especializado, de tener un equipo al cual admiro profundamente por su empeño, por su profesionalismo, quisiera decirles que las admiro, porque en la adversidad son más fuertes, son mi ejemplo y las respeto profundamente”.

Las joyas de Esarte se venderse en Querétaro y San Miguel Allende, han llegado a Estados Unidos, Canadá y Europa. Su proyecto más reciente es una serie de llaveros para bolsas, hechos con hilos de colores y semillas, que se irán a España.

Los diseños de joyería artesanal que hacen las internas del Cereso femenil de Querétaro se venden todos los sábados, de las 9:00 a las 15:00 horas, en el Centro Cultural La Fábrica. También se pueden adquirir los productos a través de la cuenta Diseños Esarte de Facebook y del perfil personal de Patricia Rivera Uribe en dicha red social.

Hay piezas de algodón, lana, piedras naturales, conchas, corales, residuos de turquesas, ágatas, cuarzos y semillas como habas, frijol y ojo de venado; próximamente incluirán la cerámica. El costo va de los 80 a 350 pesos. El valor de las piezas no se basa en los materiales sino en las manos que las realizan, manos que tienen las virtudes de cualquier mujer.

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