“Trabajar el tule es un orgullo familiar y nos mantiene”: Salvador | Querétaro

“Trabajar el tule es un orgullo familiar y nos mantiene”: Salvador

Nuestras Historias 20/11/2017 15:45 Alma Gómez Actualizada 15:45

Salvador Alejo ha fabricado artesanías durante toda su vida

Salvador tenía ocho años cuando comenzó a tejer el tule, primero trabajó de la manera más sencilla, hacía lo necesario para ayudar con la elaboración de petates, era el negocio familiar; pero con el tiempo notó que era capaz de echar a volar su imaginación y crear cualquier figura que tuviera en mente.

“Toda mi vida he hecho este trabajo, desde niño veo que mi familia y mis papás empezaban a trabajar con tule, hacían petates, también lo hacían para vender, todos lo hacíamos, pero al crecer le di un poquito más de creatividad a este material que le llamamos tule, aparte del petate empezamos a hacer figuras de este material, prácticamente yo aprendí solo porque en mi familia sabíamos hacer sólo el petate, pero después le dimos forma y empezamos a hacer figuras, asegura

Como es costumbre en Cucuchucho, una comunidad del estado de Michoacán, de donde Salvador es originario, las familias acostumbran obtener el tule de los lagos y ríos, y así lo hace este artesano, como lo aprendió de sus antepasados. Aunque Salvador podría obtener este material de cualquier otra parte del estado, prefiere hacerlo en ese lugar, donde además vive toda su familia.

Alejo Pablo generalmente viaja por el Bajío para vender su trabajo, pues no tiene un lugar establecido. La semana pasada por ejemplo, participó en una exposición en la Casa del Obrero, en Querétaro, y antes de eso en una feria artesanal realizada en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín.

Tiene una casa en Santa Rosa Jaureguí, pero sólo vive ahí cuando tiene dos o más eventos en Querétaro; la mayor parte del tiempo está en Michoacán.

Debido a que la mayoría de las familias trabajan el tule en la comunidad de Cucuchucho, Salvador supo que no tendría oportunidad de destacar si se quedaba en ese lugar, por eso superó sus miedos y se lanzó a cazar turistas y viajeros que son los más interesados en exposiciones y artesanías.

Salvador se dice orgulloso de haber salido desde hace años de su zona de confort, que era su pequeña comunidad, porque de no haberlo hecho no sabría que es posible vivir de las artesanías. Ahora sus cuatro hijos trabajan el tule junto con él y aunque cada uno tiene distintas aspiraciones, la artesanía es algo que une a su familia.