“Viajar en los caminos de hierro, lo más bonito que hay” | Querétaro

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“Viajar en los caminos de hierro, lo más bonito que hay”

Nuestras Historias 07/11/2017 17:00 Luz María Barrero Actualizada 17:16

En el Día del Ferrocarrilero, ex trabajadores comparten sus experiencias en uno de los medios de transporte más importantes de México en el siglo XX

Francisco Landeros, ex jefe de estación entre los años 1958 y 1997, contó que como jefe inmediato tenía hasta 40 empleados. "Aprendí a usar el telégrafo, aprendí contabilidad para poder manejar los intereses de la empresa. Había muchos empleados: unos vendían boletos, otros atendían los fletes de carros, otros recibían el dinero. Al final de la jornada me entregaban los documentos para remitir el dinero diariamente a México”, afirmó.

Félix Pérez García, ex inspector de ferrocarriles, quien viajó por todo el país levantando peritajes, comentó que como oficinista local, sus tareas eran encargarse de los carros, los furgones, los fletes. “Después, como inspector, conocí todo el país. Esa fue mi labor durante 14 años”, dijo.

Miguel Sánchez, otro ex trabajador, narró que ser ferrocarrilero era algo que se heredaba: la mayoría de los trabajadores entraban por sus padres, tíos, vecinos o amigos, y los viajes y mudanzas recurrentes no eran nada extraño; los empleados de mantenimiento y sus familias se instalaban durante un año en algún pueblo y después partían.

“La labor (que hacía) era cambiar los durmientes, esos que les ponen para tender la vía. Antes eran de madera, ahora son de concreto. Todo lo hacíamos a mano y lo hacíamos entre siete u ocho trabajadores; después usamos un armón para levantarlo, y más adelante un motorcito de gasolina”, dice Antonio Silva.

“Mi papá fue ferrocarrilero y nosotros crecimos en la comunidad de La Noria, municipio de Colón, allí crecimos desde niños. Luego, seguí los pasos de mi papá. De ahí salí ya jubilado. Todo lo recuerdo como una cosa muy hermosa y muy bonita", compartió Félix Pérez.

“Extraño mucho la convivencia con mis compañeros, en ese lugar había grupos de trabajadores cada 15 kilómetros, pues nos daban tramos de 15 km a cada grupo para darle mantenimiento y conservarlos. En ese lugar sólo eran ocho o nueve casitas, donde estaban los trabajadores y el encargado; y vivíamos muy contentos, como una familia", señaló Antonio Silva.

“Cuando uno está en esto se da cuenta de lo importante que es hacer que las vías funcionen; imagínate que, por no hacer bien tu trabajo, la carga no llega o se sale el tren. Era pesado, pero importante lo que hacíamos”, relata Juan Campa, un hombre que dedicó casi medio siglo a la labor de los trenes.

La antigua estación fue construida en 1904, un año después de inauguradas las vías férreas. Actualmente, la Antigua Estación del Tren alberga un centro cultural donde se dan clases de guitarra, baile, pintura y talleres para adultos mayores, así como muchas otras disciplinas artísticas. En la imagen, Francisco Landeros, jubilado ferrocarrilero.

En el Sindicato de Trabajadores de Ferrocarriles de la República Mexicana se llevó a cabo el pasado 6 de noviembre, una celebración religiosa presidida por Fray José Manuel Amézquita en honor del "día del ferrocarilero".

Los ex trabajadores señalaron, por separado, que la empresa ya no es la misma. El hecho de que una compañía extranjera administre estas pesadas máquinas de carga ha cambiado toda la forma de operar; el cambio más radical, coinciden, es que los trenes ya no transportan personas.