El olor de basura está por todos lados. En un par de botas negras, en una avenida y en un par de guantes. Cáscaras de plátano, restos de huevo, pedazos de papeles y algunos trozos de ropa decoran la parte posterior de un camión de basura blanco.Un sonido agudo e intenso se escucha en medio de la oscuridad, mientras un par de luces rojas se encienden y apagan al ritmo. Un camión recolector de casi tres metros de altura rueda sobre montones de piedras y avanza hacia la carretera a Mompaní para iniciar una nueva jornada.

Pedro y Andrés están detrás del vehículo, que avanza a 40 kilómetros por hora en una calle de San Pedrito Peñuelas; una colonia ubicada al poniente de la ciudad de Querétaro. Su trabajo consiste en recoger las bolsas de basura amontonadas en las calles y llevarlas al camión recolector. El trabajo es meticuloso, no debe quedar ningún residuo.

Jorge Sergio Hernández Irineo es el conductor de la unidad 12. En este trabajo, dice, es recurrente llevarse sorpresas. “Te encuentras o un animal muerto o que la señora se enojó porque no me llevé su televisión vieja. Son una de las cuestiones que pasan a veces aquí”, dice.

Es cerca de la medianoche y el camión recolector acaba de iniciar prácticamente su jornada. La mayoría de los días, dice Jorge, su hora de salida es a las tres de la madruga, a excepción de los lunes y los martes cu ando se recoge la basura acumulada de todo el fin de semana.

“Las cinco de la mañana es lo más tarde y es cuando se complica la operación. Nosotros normalmente los martes tenemos contemplados dos viajes y luego a veces no alcanza, tenemos que echar uno más (…) Más que nada en los lugares donde nos toca que las calles son estrechas y hay vehículos por los dos lados, entonces a veces pasas casi rozándolos”.

—¿Se ha afinado tu destreza en el volante desde que estás aquí? —Bueno, yo trabajaba para materiales El Puente y ahí manejaba una plataforma. Es una unidad más larga que ésta y de doble eje. Aquí más bien lo que tuve que aprender fue a manejar la compactadora.

Trayectoria al volante

Jorge trabaja desde hace 20 años como chofer de vehículos pesados. Antes de entrar al servicio de recolección de basura laboró en una empresa concretera, donde manejaba una revolvedora con capacidad de carga de hasta de 14 toneladas.

Su primer empleo como chofer fue en el transporte público, donde duró de 15 años. Sin embargo, “lo negativo” fue que no había prestaciones. “No había ni seguro social, ahora entró la nueva empresa, y a lo mejor ya hay, pero no sé”, dice.

“La cultura de la misma gente provoca problemas en el transporte. Una vez me pasó que una persona se quejó porque no la bajé. Me pidió la parada al interior de la unidad y no me paré porque no era el lugar y ella se molestó. Eso es lo que pienso que hace que las personas hablen mal de un servicio, porque no complaces a la gente como quisieran que se hicieran las cosas”, agrega al explicar de los inconvenientes que existen entre la ciudadanía con el transporte.

Conducir, ya sea por la carretera o la ciudad, es una actividad reconfortante para Jorge y también una de las razones por las que trabaja en la recolección de basura. “Es de noche y ando bien tranquilo”, se limita a responder, mientras señala otra de las ventajas: trabajar con su hijo Andrés y Pedro, su hermano.

Los tres miembros de la familia Hernández llevan seis meses en el servicio de recolección de basura. Antigüedad que la mayoría de los empleados —340 según cifras de la empresa— cumple por ser una concesión reciente. El servicio de recolección de residuos en la ciudad de Querétaro antes era un servicio dependiente del gobierno municipal, pero el 8 de agosto de 2016 inició la operación por parte de la empresa Red Ambiental.

En su momento, Jorge también intentó trabajar en una fábrica como obrero; sin embargo, no duró mucho tiempo por “la asfixia de estar encerrado”. “¡Son ocho horas dentro de una nave y uno no sale más que para comer y vas para adentro otra vez!”, dice al explicar que estar al interior de cuatro paredes es aburrido; prefiere estar al aire libre, mientras conduce.

Jorge cuenta con estudios de secundaria, otra de las razones por las que, insiste, entró a trabajar en el servicio de recolección de basura. En los próximos días, dice, se va a inscribir a un curso para terminar la preparatoria. “Terminar de estudiar es muy necesario —menciona—, cuando hay una estabilidad económica, hay una estabilidad mental y emocional porque no hay preocupaciones”.

Las calles de San Pedrito Peñuelas son estrechas. La basura amotinada afuera de las calles filtra un olor que se cuela a las fosas nasales. El camión recolector era blanco, pero meses después de que las autoridades municipales inauguraron la flotilla, algunas manchas negras se han esparcido en sus paredes.

Las sorpresas que se llevan como recolectores de basura son variadas, según comenta Jorge. Cuando trabajan en las calles durante las noches, en ocasiones las personas les dan comida y les obsequian algunos objetos. Aunque no reciben el mismo trato en todas partes. En algunas colonias, pedir un vaso de agua es impensable.

“A veces unos piensan que da vergüenza [trabajar en la recolección de basura] a mí no me da vergüenza”, dice orgulloso, mientras explica que una de sus hijas, hermana de Andrés, está próxima a graduarse en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Enfrentan inseguridad

En medio de la calle oscura y con las luces amarillas del alumbrado público, Jorge reconoce otra de las circunstancias que en algunas ocasiones llegan a enfrentar los recolectores: la inseguridad. En algunas colonias del norte, donde los reportes de riña son frecuentes, el código para los trabajadores busca protegerlos de enfrentamientos.

“Si en una colonia hubo una riña. Uno se resguarda dentro de la unidad para que no ocurra algún problema. Las instrucciones que tenemos es que cuando se vea en riesgo la integridad de nosotros, nos retiremos, no estemos ahí expuestos a algún peligro. Si hay algún conflicto de riña o algo, es mejor retirarse para que ni nosotros como personas tengamos algún daño, ni nuestra unidad”, comenta.

La ruta 12 se mueve entre las calles de la ciudad. Pedro y Andrés corren detrás del recolector, mientras Jorge maneja tranquilamente. Ya pasa de la media noche y aún quedan colonias por recorrer.

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