La dificultad principal al hacer películas dedicadas a estrellas del rock es el protagonista.

La mayoría de las veces se hace lo que se conoce como fono-mímica: una imitación donde se finge cantar. Luego se agrega la canción original y ya quedó.

Es un riesgo para el actor porque el resultado se nota falso.

El director Dexter Fletcher, criado en los estudios de cine ingleses, lo ve de otra forma gracias a su conocimiento de la vida.

Fue del éxito al desempleo; de vivir sin casa, o en un auto, sin tener que comer, a la resurrección como actor secundario; ahora es un director de mérito especializado en vidas reales después de su tercer filme Volando alto (2015). Por eso en Rocketman (2019), su cuarto largometraje, para contar la historia de Reginald Dwight, o Elton John, le apuesta a su mejor recurso artístico, a quien tuvo la ambición y el hambre de hacer un personaje complejo, humano y fantástico, como son en realidad las estrellas de rock; a la mejor virtud de este filme: el actor Taron Egerton.

La experiencia vital de Fletcher le imprime gran densidad emocional a John, desde que era niño prodigio. Detalla momentos con sentido documental, como el proceso de creación musical: en bata y ante un modesto piano casero John compone “Your song”. Fletcher preserva la autenticidad de este hecho real, y lo vuelve la esencia de un melodrama familiar-sentimental.

Fletcher salvó del desastre Bohemian Rhapsody, la historia de Freddie Mercury (2018) cuando la abandonó el director original. Hizo una película decente en la que incluyó escenas que le consiguieron el Oscar a Rami Malek. En Rocketman, proyecto muy personal, busca lograr lo mismo con Egerton.

Egerton es inspirado al actuar la vida de John. Asimismo interpreta con su propia voz las canciones para hacer verosímil esa dualidad del hombre inseguro, y la excéntrica celebridad extrovertida de aparatosos vestuarios y alucinantes anteojos.

La forma en que trabaja a la estrella en ascenso, cantando con garganta entrenada para dar notas altas sin desgarrarse, y notas bajas sin perder el aliento, son el mejor “efecto especial”. Esta autenticidad en la actuación también es evidente en las extravagancias, tanto personales como las pensadas para el escenario, o las imaginadas como gira sensorial al interior de la música, de los éxitos escritos por John y su colega Bernie Taupin (Jamie Bell), siendo “Rocketman” el que define la cinta por la frase clave: “No soy el hombre que piensan en casa que soy”. En efecto, el solitario Elton, el compositor intuitivo, el demencial pianista que siguió casi al pie de la letra el consejo de matar quién era para convertirse en quien ahora es, logra dejar en el pasado al frágil Reggie.

El tono semibiográfico va de lo sublime a lo delirante. El guionista Lee Hall (famoso por Billy Elliot) entendió a la perfección que la intención era hacer un espejo: recurriendo a John, reflejar parte de Fletcher mismo frente a la parafernalia del éxito; que lo importante es no olvidar de dónde se viene y por qué y cómo se llega a esas alturas coqueteando peligrosamente con la autodestrucción propia del género musical: sexo, drogas & rock’n’roll.

Fletcher presenta a Elton John sin adornos, incluyendo su entrega amorosa y artística al gerente John Reid (Richard Madden). Hace la crónica de una figura fuera de lo ordinario que con sus excesos y aciertos acaba reventando los estereotipos del rock.

Una encantadora cinta, entretenida, sobre una leyenda nada convencional.

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