Nichos guadalupanos, espacios para la fe

De usarse para alejar al vandalismo, los altares ahora representan la devoción a la Virgen Morena
Nichos guadalupanos, espacios para la fe
Foto: César Gómez
11/12/2018
05:46
Domingo Valdez
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El tercer templo a nivel mundial y primero fuera de la Ciudad de México en dedicarse a la devoción de la Virgen de Guadalupe, es el templo de la Congregación, en 1680, fe que prevalece hasta la fecha no sólo en los templos, también en las calles de los barrios, donde los nichos y capillas para la Guadalupana se multiplican.

El cronista del estado de Querétaro, Andrés Garrido del Toral, señala que estos nichos, en un inicio, eran para ahuyentar a los ladrones y a quienes solían realizar sus necesidad fisiológicas en la calle.

Los barrios, como Hércules o San Francisquito, entre muchos otros, limpian y remozan los nichos dedicados a la Guadalupana, que este martes a las 23:00 horas escuchará de miles de fieles las mañanitas, para celebrar que hace 487 años se le apareció a San Juan Diego, beatificado en 1990 y canonizado en 2002.

El templo de La Congregación y sus fieles se preparan desde hace poco más de un mes, cuando los guadalupanos llevan a cabo rosarios, como una manera de preparación espiritual para la fiesta más importante del año.

Cuerdas con adornos tricolores decoran desde la semana pasada el atrio del templo, hasta donde llegarán esta tarde-noche miles de devotos de la “Morenita del Tepeyac”.

Garrido del Toral explica que el primer templo guadalupano fue la misma Basílica, el segundo fue la Colegiata de Guadalupe, y el tercero, La Congregación, en la capital queretana, el primero fuera de la Ciudad de México, en 1680.

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“Desde las primeras apariciones, en San Francisco y en la parroquia de Santiago, hubo devoción guadalupana, que fue reforzada por quien fundó y construyó ese templo: Juan Caballero y Osio. El construyó y reconstruyó todos los templos de Querétaro”, indicó.

La devoción, dice, al tiempo que llega a la ciudad de Querétaro, también es adoptada por otras localidades, como San Juan del Río, La Cañada y El Pueblito.

El cronista del estado explica que la tradición de colocar nichos, al menos en la ciudad de Querétaro, era para evitar que hubiera basura y ladrones. De los primeros que hubo, el que se ubicaba en la esquina de Guillermo Prieto y 16 de Septiembre, donde más tarde se hizo el templo.

Comenta que quien promovía esos nichos, en aquel entonces, eran los mismos ricos de la ciudad de Querétaro, o el mismo Juan Caballero y Osio. Los hacían para espantar a los ladrones y a los cochinos.

“Actualmente ese callejón de Guillermo Prieto, esa callejuela, es en donde más orinan y defecan la gente sucia de Querétaro, y la que viene de fuera. Dicen: aquí no me ve la policía. Pero también es en donde más cristalazos hay. Ya está el templo grande y en la lateral hay un San Miguel Arcángel nuevo, a ver si los espanta”, indica.

Narra que donde actualmente se ubican los Cómicos de la Legua, en la calle de Guillermo Prieto, era la casa de Juan Caballero, quien se fue a vivir ahí una vez que donó el terreno de la alhóndiga donde actualmente se ubica el Teatro de la República.

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Garrido del Toral asevera que todos los queretanos son guadalupanos, pero hay una advocación muy local de la zona del Bajío, que abarca Querétaro, El Pueblito, Huimilpan, El Marqués, que es a la Virgen de El Pueblito.

Mientras que los habitantes del semidesierto y en donde empieza la Sierra Gorda son devotos de la Virgen de Soriano, lo que llama la división espiritual. Tiene lógica la división, comenta, porque la Virgen de El Pueblito era de los franciscanos, y la de Soriano de la Diócesis de Querétaro.

Sin embargo, desde el mismo año de 1680 se celebró de manera importante a la Virgen de Guadalupe. Hasta se publicó un libro, ‘Las glorias de Querétaro’, por don Carlos de Sigüenza y Góngora. Ahí relata cómo fueron las fiestas inaugurales, el 12 de diciembre, donde la hicieron en grande, a tal grado que contrataron al mejor historiador de México para que hiciera el libro y se vino a vivir un año a Querétaro para realizarlo”, subraya.

Culturalmente, dice Garrido del Toral, la Guadalupana significa lo contrario que la chingada, o la Malinche, que es la madre violada, la madre explotada por el conquistador español.

“La Guadalupana es la redención, el mestizaje, es la unión de todas las razas en favor de una nueva nación, es sincretismo puro, es la unión de la madre chingada y la madre pura”, agrega.

“Es todo lo contrario a la chingada. Es la madrecita pura, la madrecita buena, la que viene a redimir al indio. Es el inicio más fuerte de la nacionalidad mexicana, es tejido social para formar una nueva nación. Hidalgo no fue tonto, mientras los realistas agarraron a la Virgen de los Remedios, Hidalgo agarró como bandera la Virgen de Guadalupe”, precisa.

La fiesta de Guadalupe, además de ser en algunos lugares aún más importante que celebraciones católicas como Semana Santa o Navidad, forman parte de la cultura del mexicano, ya sea de ciudad y de pequeña comunidad, lo mismo en fábricas que en talleres mecánicos, así como en oficinas y negocios, siempre habrá una imagen de la virgen morena que se apareció, de acuerdo a las crónicas, a un indígena chichimeca, a quien le pidió un templo. El resto, es historia conocida.

 

cetn

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