La queretana que llevó el sabor mexicano a París

Orgullosa de sus raíces, Ingrid Booth fundó una tienda en Francia con los mejores productos de nuestro país
La queretana que llevó el sabor mexicano a París
Foto: Perla Sánchez
11/08/2019
06:06
Perla Sánchez
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París

Ingrid Booth de Paillet es una mujer empresaria queretana que vive en Francia desde hace más de dos décadas. Tiene 54 años y en la actualidad es directora y creadora de su propia empresa: Mi tiendita, con un giro de venta y exportación de productos alimenticios mexicanos. También es representante de marcas y productos derivados del maíz y de otros empresarios queretanos en París.

Ingrid creció en la colonia Carretas, hizo la primaria y la secundaria en La Asunción y terminó la preparatoria en El San Javier.

Sus compañeros de generación la llamaban La hippie de la clase, porque era la única que usaba huipiles en el colegio. Al tener un padre inglés y madre mexicana, eligió asumir el textil mexicano como parte de su identidad y no le avergonzaba usarlo. Al contrario, esas experiencias en su grupo de amigos hoy la destacan en el extranjero. Sigue en comunicación con muchos queretanos gracias a las redes sociales mediante un grupo de Facebook: Queretanos con clase.

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El padre de Ingrid trabajó muchos años para la empresa de La Carnation Clavel que se encuentra por la carretera a San Luis Potosí. Recuerda mucho los caminos hacia el trabajo de su padre y hoy lo que más le asombra de Querétaro es el desbordante crecimiento, ya no se parece al lugar de sus recuerdos.

Lo que más tristeza le da es ver cómo han autorizado construcciones en el “pulmón de respiración” y áreas verdes del inexistente Cerro del Cimatario. “Es una gran pena ver como han dejado comerse esas zonas”, dice.

“Otra cosa con la que tampoco me siento identificada como Queretana en el extranjero es con la muñeca Lele. No estoy segura para qué o con qué objetivo o beneficiando a quiénes, me da mucha pena ver a la muñeca gigante viajando por el mundo e ir a Querétaro y ver a las comunidades indígenas igual. Lele no ha venido a París y eso me causa extrañeza.

“A Querétaro le faltan programas de apoyo para empresarios y desarrolladores de proyectos, el gobierno de Guanajuato, por ejemplo, tiene un organismo que se llama Cofoce y pienso que el gobierno debería enfocarse en crear apoyos y organismos de este nivel para competir en niveles internacionales”, considera.

Hoy una de las cosas que más extraña la empresaria es comer unas gorditas de maíz quebrado, con guisos de verduras, en el mercado de La Cruz. Su amor por la comida le hizo pensar en acercar todos aquellos productos a mexicanos que viven en Francia y compartieran esta nostalgia por la comida.

Llevó su proyecto a la realidad y le surte a más de 50 restaurantes en Francia, convirtiéndose en una mujer ejemplar en la comunidad latina y francesa.

Ingrid, dueña de mi Mi tiendita, es madre de dos mujeres muy estudiosas y trabajadoras: Marion y Celine de 25 y 26 años, respectivamente.

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Es esposa de un franco-mexicano que conoció en Querétaro cuando tenía siete años (él 15 años) y cuando se volvieron a ver de adultos se enamoraron y decidió dejar México para seguirlo por el mundo en 1989.

Recién casados emigraron a Estados Unidos por tres años, volvieron a Francia en 1993, con una bebé, y se quedó por 10 años. Luego volvieron a probar suerte en la Ciudad de México por un año y la vida la esperaba con sus dos niñas y esposo en las míticas pirámides de Egipto, ahí vivió por dos años. Finalmente regresó a Francia hace casi 12 años y montó su propia empresa.

Creación de Mi tiendita.

Ingrid viene de una familia que tiene vínculos con la gastronomía: su abuelo tenía carnicerías, su abuela le enseñó mucho de cocina, su madre fue una excelente repostera, tiene un hermano chef y otro se especializa en la difusión del tequila.

“Mis hijas estudiaron en una escuela internacional y eso me permitió trabajar en asociaciones multiculturales. Durante 10 años me di cuenta de que la percepción de la cocina mexicana entre los franceses y la gente que había viajado a nuestro país era diametralmente opuesta.

“El francés conoce una marca de origen americano/holandés distribuida en los principales supermercados, que no es la imagen de la cocina mexicana. A partir de ahí, a mi regreso de Egipto, comencé a buscar la opción de importar productos para comercializarlos, promover la cocina auténtica, difundir la gastronomía y de alguna manera, educar el paladar a nuevos sabores, buscando promover los mejores productos que se producen en México”, cuenta.

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Las dificultades

En Francia las dificultades van desde el comienzo de buscar información: un análisis de cuántos mexicanos vive en París. Después elegir productos que fueran más fácil de comercializar: “¡Antojos hay muchos, pero no todos son comercializables! Hacer un estudio de mercado con necesidades tan variadas no fue nada fue fácil. Por otra parte, buscar productos que pudieran ser aceptados gustativamente hablando, como un mole”, explica.

“La nostalgia por México fue definitivamente el motor de mi empresa. Yo lo resumo como: ‘Barriga llena, corazón contento’. El mexicano busca los sabores de una buena tortilla, de chiles, salsas; el francés es recordar el viaje que hicieron o su vida de expatriados o de intercambio de estudios, en algún lugar de México.

“Mi negocio se encuentra ya en la Gault et Millau, una guía para gastronómicos muy prestigiada en Francia y me comienza a llegar un público que busca novedades para su cocina diaria, de particulares y profesionales. Hubo también una ola de nuevos restaurantes mexicanos que se fueron abriendo en la región parisina al principio, después en provincia, que me contactaron para ser su proveedor y así comenzamos a trabajar y adaptar productos con restaurantes, chefs y ahora los food-trucks que se instalan un poco por toda Francia”, celebra la queretana.

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