Nuestras Historias

Salud mental, terapia incluyente

Rizoma surgió hace cinco años en la búsqueda por atender la salud mental desde un enfoque distinto a la individualidad y aislamiento del paciente

Karla y Santiago iniciaron Rizoma con el propósito de que aquellos pacientes con problemáticas mentales encontraran una alternativa de tratamiento en donde no se les excluyera (Foto: RICARDO LUGO)
16/11/2017 |03:47Miguel Tierrafría |
Redacción Querétaro
RedactorVer perfil

La comunidad terapéutica Rizoma es un espacio escondido en La Cañada, perteneciente al municipio de El Marqués, que no es un hospital siquiátrico sino un lugar que responde a una lógica estética con elementos que llamen a entrar, porque es un espacio abierto.

El lugar, pintado con algunos tonos azules, tiene en su entrada un bazar lleno de ropa, zapatos y libros el cual es usado como una herramienta comunicativa de vínculo entre la interdisciplina para tratar la salud mental y la población que pasa por ahí.

Al pasar entre el bazar que rompe con paradigmas y tabúes en torno a la salud mental, se vislumbra un gran jardín con unas hamacas y unos frondosos árboles, el espacio en apariencia es una casa de artistas por los múltiples cuadros, algunos en su mayoría de Santiago Diez, y otros que han trabajado en colectivo con algunos pacientes.

Unas sorbidas de café en una pequeña sala con vista al jardín, Karla Lugo sicóloga clínica con especialidad en padecimientos mentales, aborda los comienzos de Rizoma hace cinco años,en la búsqueda por atender la salud mental desde un enfoque distinto a la individualidad y al aislamiento del paciente, con una perspectiva más que centre los esfuerzos en recuperar el lazo social a través de un equipo de trabajo que dé seguimiento al paciente.

Usualmente, los familiares y cercanos a un paciente con padecimiento mental, recurren, ante la falta de información y sensibilización, a prácticas que excluyen a la persona e impiden una recuperación de las relaciones sociales de este. No obstante, de acuerdo a las metodologías que emplean Karla y Santiago en Rizoma, la familia forma parte de la estrategia para apoyar al paciente, en donde se elimina la frontera de sólo costear los tratamientos, sino también integrarse al mismo para ayudar a aquella persona con padecimiento mental.

“Comunidad terapéutica empieza de la colaboración con los familiares de un paciente que atendemos, que empezó a tener muchos avances y que la familia sabia las condiciones de la salud mental en el país porque ya habían pasado por muchos tratamientos y quisieron que el modelo que estábamos realizando, se ofreciera al público, que no fuera nada más tratamientos ambulatorios y que tuviéramos un espacio en el que pudiéramos atender a más gente y que también se trabajara la formación de especialistas de profesionales de la salud que vieran otras alternativas de cómo trabajar”, plantea Karla Lugo.

 

En el mejor de los casos, los pacientes son recluidos en un hospital siquiátrico, en el que no se les brinda la atención personalizada; en el peor, ocurre que son amarrados y viven en hacinamiento en cuartos subterráneos, o deambulan en las calles.

La comunidad terapéutica Rizoma, encabezada por Karla y Santiago, se enfoca en el trabajo coordinado entre especialistas, como el sicoanalista, el siquiatra, un coordinador y una figura que se llama acompañante terapéutico, una persona con preparación que de acuerdo al paciente, es asignado para acompañar la locura, no curarla y que mediante ese acompañamiento integral colaborativo, incluirlo como parte de las relaciones sociales.

“A final de cuentas lo que se busca es restablecer el lazo social porque en la locura, lo más notorio es la pérdida o la ruptura del lazo social y esto acentúa la marginación. Se busca atacar el aislamiento del sujeto, que representa una pérdida de la red social que sostiene al sujeto en su locura, en su individualidad”, expresa Santiago Diez, sociólogo, artista y con estudios en sicología.

La comunidad terapéutica Rizoma se enfoca en tres apartados generales: la asesoría en salud mental, evitar el internamiento, ya que es visto como un negocio al que incluyen a los psiquiátricos y anexos, así como evitar la sobre medicación del paciente y buscar en él un análisis adecuado.

A la par de la integración de la comunidad terapéutica Rizoma, Karla y Santiago, iniciaron la tarea de que a aquellos pacientes con problemáticas mentales, en la medida en que ellos lo pidieran, buscar que se integraran ya sea al ámbito laboral o bien al escolar.

Desde hace cuatro años, iniciaron un proyecto llamado Trabajo en Apoyo, en el que mediante la sensibilización e información, buscaban a dueños de cafeterías del centro histórico de Querétaro para que emplearan a personas con padecimientos mentales. La única condición: no tener distintivos y que los pacientes se integraran a la dinámica laboral sin tratos especiales.

¿Por qué esta medida? Karla afirma que si buscaran generar espacios laborales o educativos entre gente con padecimientos mentales, se reproduciría el esquema de la exclusión y rechazo. Lo que se pretende es que convivan a pesar de las diferencias, todo con el fin de retejer el lazo social.

“Se propone un espacio laboral para ellos en espacios ordinarios, no podemos dividirlos, no era la idea armar, que era más fácil incluso, un taller donde sólo vengan pacientes con esquizofrenia y podamos hacer algo y vender las cosas para que tengan un ingreso, no quisimos hacer eso, era etiquetarlos, excluirlos”, afirmó.

Para las escuelas, el equipo interdisciplinario que trabaja con el paciente, mantiene constante comunicación con los maestros, se le sensibiliza y se le informa, para ver los avances que tiene en torno a la convivencia con sus compañeros. Incluso se le canaliza en actividades deportivas, artísticas, culturales y religiosas, que ayuden al paciente con el padecimiento.

Informar y sensibilizar

Al integrar el espacio físico como comunidad terapéutica Rizoma, se echó mano de estrategias como el dialogo con la comunidad, con líderes locales y con el dispensario de la iglesia de La Cañada para adquirir legitimidad y mostrar que es un espacio que pertenece a todos.

El bazar forma parte de esa estrategia, además de talleres de arte, de lectura con niños, lo que permite que el apropiamiento del espacio sea de la propia gente.

Aparte de llevar tratamiento con pacientes, buscan generar la sensibilización sobre lo que representa la salud mental a nivel local y a nivel global. Por ello también buscan incidir en la población con información y alejar los estigmas que rodean a los padecimientos mentales.