Las filas afuera del Querétaro Centro de Congresos son largas, los aficionados resisten a pleno rayo del sol para entrar a ver el trofeo más famoso del mundo: la copa que se entrega al campeón de los Mundiales de futbol desde 1974.

Esta copa de aproximadamente seis kilos, hecha de oro, ha sido sostenida por los jugadores de fútbol más grandes de la historia: Lothar Matthäus, en Italia 90, Diego Armando Maradona, en México 86, y Lionel Messi en Qatar 2022, al igual que Franz Beckenbauer, en 1974; Daniel Passarella, en Argentina 78 y Dino Zoff, en España 82.

Antes de que se abriera el recinto al público en general se lleva a cabo una ceremonia protocolaria con directivos de la empresa refresquera que lleva a cabo el evento, funcionarios del gobierno del estado y del municipio. Por parte del gobierno estatal está la presidenta del patronato del DIF y esposa del gobernador Mauricio Kuri, Car Herrera; el secretario de Desarrollo Sustentable, Marco Antonio del Prete Tercero. Asimismo, por el municipio está el alcalde Felipe Macías, así como otros ediles que acuden a la presentación y algunos funcionarios estatales, como Luis Nava y Erick Gudiño, secretario de gobierno.

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FOTO. CÉSAR GÓMEZ
FOTO. CÉSAR GÓMEZ

Mientras la ceremonia se realiza dentro del centro de congresos, al exterior la fila de aficionados comienza a crecer minuto a minuto. Desde las ventanas del recinto se puede ver cómo la gente comienza a resistir el sol y el calor para entrar a ver la copa tan anhelada por muchos, pero ganada por muy pocos.

Tras la ceremonia protocolaria, comienza el recorrido por la exposición. Primero son los invitados especiales, quienes recorren la exposición de los diferentes artículos relacionados con la Copa del Mundo.

Los organizadores prometen una experiencia inmersiva, pues no sólo es ver la copa, es adentrarse en la historia de los Mundiales, aunque avisan que la exposición muestra luces de diferentes colores y humo.

Adentro se pueden ver los balones oficiales con los que se han jugado cada uno de los mundiales más recientes, así como los uniformes de las selecciones que han ganado los campeonatos del mundo. Los asistentes también pueden practicar algunas dinámicas que los organizadores llevan a cabo, como gambetear con un balón.

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Asimismo, una sala emula unos vestidores, donde están los uniformes de la Selección Mexicana, y en donde los asistentes se pueden sentar y tomarse fotos. En otra sala hay una réplica de las gradas del estadio Azteca durante el mundial México 86.

Los aficionados que obtuvieron su pase a través de reservar su lugar de manera gratuita, esperan con paciencia a que les den el ingreso. Cuando acceden, lo hacen en pequeños grupos, para no aglomerarse en las diferentes salas en las que se divide la exposición.

Hay jóvenes, niños, personas de mediana edad, adultos mayores, incluso un hombre en silla de ruedas acude a ver el trofeo que visita varias ciudades del país. De hecho, Querétaro es la quinta urbe que visita la copa.

Destaca la asistencia de los niños, quienes disfrutan de manera especial la exposición y estar cerca del trofeo que han visto en medios de comunicación.

Entre los asistentes no sólo hay mexicanos. Un grupo de ciudadanos, uno de los cuales porta una camiseta de la selección alemana, también recorre la exposición. Se toman la foto junto a la copa que su representativo nacional ha levantado en tres ocasiones (1974, 1990 y 2014). Las primeras dos como Alemania Federal y la última ya como Alemania unificada, luego de la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989.

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En el recorrido, como era de esperarse, el nombre de la empresa refresquera es más que obvio. De hecho, algunos souvenirs que se reparten a los asistentes son de esta empresa, que está muy ligada a eventos deportivos como la Copa del Mundo.

Para algunos, la espera vale la pena. Estar cerca de la copa, tomarse una fotografía junto al preciado trofeo, estar junto a él dura unos instantes, los suficientes para un disparo de cámara, para encontrar la mejor pose, la mejor sonrisa. La experiencia dura apenas segundos, contra las horas que tuvieron que esperar bajo el sol queretano.

Para la mayoría, la experiencia vale la pena, pues es una ocasión única, con México como sede del Mundial. La ocasión quizá no se vuelva a repetir en mucho tiempo, al menos 30 años, que son los que han pasado desde que México albergó la justa mundialista, siendo Querétaro en aquella ocasión una de las sedes mundialistas.

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