Pachuca.— Los Tuzos encuentran la justicia en la final de la Liga MX, aún con la daga del yerro arbitral sangrante en su espalda. La ventaja es suya, aunque luce corta, porque es mínima. Le pega 1-0 a un Monterrey que decepciona, que renuncia a su esencia y, cuando eso pasa, se está más cerca del fracaso.

Los hidalguenses encuentran la forma de celebrar con un remate de Franco Jara que incendia el ambiente frío del estadio Hidalgo (60’). Se sobreponen a que Luis Enrique Santander les deja de marcar un penalti a favor por una mano casi en la línea de gol de Efráin Juárez, al 57’. Una acción tan flagrante del jugador regio como la incapacidad del juez central para marcarla. Quizá Roberto García Orozco la hubiera decretado sin pensarlo como el sábado pasado.

Hoy, Pachuca presume que nunca cayó en casa en todo el torneo. Queda invicto, imbatible en su madriguera, y sólo necesita no perder en Monterrey para sumar su sexta corona de Primera División. Rayados necesita ganar por dos anotaciones para lograr su quinto cetro. Si lo hace por uno, forzará la prórroga, al ya no haber regla del gol de visitante.

La noche es fría. La lluvia cae y vuelve rápida la cancha, pero nubla las ideas. El aguacero nunca cesa, y ante la velocidad con la que rueda el balón, la imprecisión aparece. Ningún equipo se adueña de la pelota y existe una anarquía que se hace intrascendente y estéril. Los mejores equipos del torneo renuncian a esa etiqueta y el espectáculo escasea en los primeros 45 minutos.

Pachuca intenta. Es el de casa, el obligado. Se da cuenta de esa circunstancia, porque los goles de visitante ya no cuentan en la serie final. Va con más ímpetu y siempre busca que el balón pase por los pies de Rodolfo Pizarro, quien tiene un toque privilegiado y suele encontrar los espacios para colocar trazos precisos.

El volante tuzo busca la velocidad de Hirving Lozano o la movilidad de Franco Jara. Los encuentra, pero los jugadores de Monterrey los aprietan, los incomodan y, cuando es necesario, cometen de las llamadas faltas “tácticas” para evitar que se abra cualquier resquicio. Hasta que en una pelota filtrada, Jonathan Urretaviscaya aparece en el área, por el lado derecho del ataque. Suelta un disparo inclemente, pero Jonathan Orozco hace la gran atajada para mantener su arco en cero al 27’.

De ahí en fuera, Pachuca sólo tiene avisos, como un cabezazo de Jara hacia afuera, mientras que Monterrey se pierde una con Edwin Cardona. El resultado en el entretiempo es un juego de dos disparos a puerta para los locales con 53% de posesión, por ninguno de los norteños, que sienten nostalgia por Carlos Sánchez. La mala noticia para Pachuca es una lesión de Óscar Murillo, quien sale de cambio por Aquivaldo Mosquera.

El segundo tiempo tiene mayor vigor. Los hidalguenses quieren jugar, mientras que su rival prefiere olvidarse del partido. Los Tuzos le imprimen el vértigo necesario, pero se topan con la injusticia. Luis Enrique Santander no ve una mano clara en el área norteña que comete Juárez y que evita la apertura del marcador. El estadio Hidalgo la nota, pero no el impartidor de justicia. Hasta el América protesta porque una jugada similar ante Rayados justamente le costó la eliminación el sábado pasado.

Pachuca no se rinde, pese a la pifia arbitral. Un centro de Érick Gutiérrez es rematado casi con el hombro por Jara, justo cuando se cumple una hora de partido. Hay justicia en el marcador, el premio se queda con quien quiere ganar el partido y castiga al que busca obviarlo, pese a ser la ofensiva más poderosa de la Liga MX.

El domingo se juega la vuelta de la final. El escenario será la caldera del nuevo estadio de Rayados. Pachuca se lleva una ventaja, que luce corta porque hizo méritos para llevarse algo más que un 1-0 a su próxima visita. Monterrey cree que es remontable; se le nota conforme, máxime cuando el árbitro impide que la losa sea más pesada.

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