MONTERREY.— Miradas absortas, lento caminar, amargura en los labios... Consternación total. Ni el propio Sergio Bueno daba crédito a lo sucedido en el campo del estadio Tecnológico.
Los Gallos Blancos ofrecieron su mejor exhibición en lo que va del Apertura 2012. El problema es que tampoco les alcanzó para sumar. Dramático revés (2-3), cruento despertar a lo que parecía un sueño.
Diego Guastavino casi lo hace realidad con aquella electrizante jugada (71’). Los Rayados aún festejaban el certero remate de Abraham Carreño (69’), cuando el atacante uruguayo decidió exorcizar fantasmas con el apoyo de su hábil pierna derecha.
Cátedra de potencia y definición digna de museo. El timonel queretano estalló de júbilo, mientras casi 40 mil personas lamentaban la reacción de un equipo que llegó al inmueble como víctima... Y casi sale vivo.
No lo hizo por una desatención en la zaga. Justo cuando Bueno requería concentración al máximo, Ángel Reyna apareció solo en el área y fusiló a Juan Castillo (81’).
Daga en los corazones blanquiazules. Golpe del que era imposible reponerse, más allá de que Luis Ángel Landín lo intentó con aquel sutil toque. Jonathan Orozco ya no llegaba al balón, pero éste se fue por detrás del marco local.
Al igual que las ilusiones del Querétaro. Los progresos son evidentes, pero cada vez luce más hundido en el fondo de la tabla porcentual.
Eso explicó la desazón del final. El Monterrey jugó con los sentimientos del rival: le permitió creer que podía superarle, lo consintió, mas al final volvió a enseñar ese músculo que le ha permitido ser uno de los clubes más dominantes, dentro del balompié nacional, durante los más recientes años.
Humberto Suazo se unió a la lista de bajas regiomontanas, integrada por Jesús Zavala, Aldo de Nigris y hasta Ricardo Osorio. El Chupete abandonó el terreno de juego con el rostro desencajado y la preocupación a flor de piel. El esfuerzo en aquella pared que construyó junto a Carreño le cobró una factura muy alta.
Se tocaba la parte posterior del muslo derecho. Todo parece indicar que se perderá, al menos, el siguiente encuentro de Liga.
César de la Peña ocupó su sitio. Es uno de los chicos que sustentarán al Monterrey, mientras varias de sus figuras se recuperan.
Demostraron que pueden hacerlo. Jesús Corona aportó desequilibrio por la banda derecha, mientras que Abraham puso la contundencia que algunos seguidores locales comenzaban a extrañar sin De Nigris y Suazo dentro del lienzo verde.
Los Gallos Blancos también dinamitaron el área norteña. La mejor prueba fue el tanto firmado por Carlos Bueno (14’), una de las mejores noticias para sus compañeros.
Segundo tanto del charrúa en el actual campeonato. Terminó la sequía. No marcaba desde la cuarta jornada, dentro del empate en casa de los Tigres (2-2). La Sultana del Norte le sienta bien, así como la sociedad con Landín.
Diego Vera es un buen complemento. Quedó claro con todas sus llegadas, incluida la que propició el tanto que comenzó la fiesta en el Tecnológico.
Bueno y sus futbolistas no desentonaron, aunque terminaron con las manos vacías. Por eso, se dirigieron lentamente al camerino. No podían creer que perdieron otra vez.