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El 'Temo' se va con la Copa

El 'Temo' se va con la Copa
22/04/2015 |00:26
Redacción Querétaro
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Puebla.— Luis Miguel Noriega, Gabriel Rey y Matías Alustiza sufren más para abrirse paso entre la gente que rodea al ídolo, que cuando enfrentaron a los defensas del Guadalajara. No es para menos. Cuauhtémoc Blanco se va del futbol como campeón... De Copa, pero con otro título.

Es por eso que sus ahora ex compañeros le piden que sea él quien levante el trofeo que acredita al Puebla como monarca de Copa por quinta vez en su historia. El ‘Temo’ sonríe, asienta y se mueve hacia el templete destinado para cerrar una de las más fantásticas odiseas en el balompié mexicano. No es el capitán poblano en la final, pero nadie más que él para presumirlo por primera vez. Genuino líder de un grupo que, desde ya, le extraña.

Dulce colofón a un periplo que inició hace más de 22 años. Es por eso que su última dosis de esfuerzo como jugador es destinada para levantar la Copa y dar una vuelta olímpica con aroma a nostalgia.

Su futbol es más videoteca que streaming, pero se da el lujo de que el último balón que toca como jugador profesional sea un nuevo clásico instantáneo. Frente a José Manuel de la Torre aplica un certero taconazo ante la marca de Giovani Hernández. Los aficionados con la elástica de La Franja se levantan embriagados de júbilo. Los que tienen puesta la rojiblanca, sólo abren la boca. Sí, lo ha vuelto a hacer.

El genio de la figura desgarbada se esfuerza durante los últimos 20 minutos de su carrera. Es lo que le otorga José Guadalupe Cruz en el trepidante duelo con las Chivas. Ingresa al campo cuando el doblete del ‘Chavo’ Alustiza controló el intento de reacción tapatía. Todo está listo para que el genio protagonice su fiesta.

Tarda cinco minutos en tener contacto con el balón. No es el ideal. Recibe un fuerte impacto por parte de Fernando Arce. La caída frena miles de corazones en el estadio Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Tarda algunos segundos en incorporarse... Hasta que Aldo de Nigris le ayuda.

Porque hasta los integrantes del Rebaño Sagrado le realizan pequeños homenajes sobre el lienzo verde, siempre y cuando no atenten contra sus intereses.

Pasan otros 300 segundos para que vuelva a tocar el esférico. Trata de encabezar un contragolpe poblano, mas Carlos Fierro lo carga y le despoja correctamente.

Para entonces, Noriega y Jhon Pajoy le han buscado, pero no llega a los servicios. Las palpitaciones están a mil, las piernas ya no dan para eso.

Su primer pase correcto llega al 85’. Es a Rey. Un toque suave, sin mayor trascendencia, de seguridad.

Aunque sirve para mantener un ataque del Puebla, que se desahoga tras la falla del penalti por parte de De Nigris. Sí, Blanco es el primero en reclamar al árbitro Luis Enrique Santander. También el que más festeja con el yerro del atacante rojiblanco.

Pero vuelve a pegarse en la cabeza cuando la falta de velocidad le impide aprovechar aquel error de la defensa tapatía. Justo cuando preparaba el disparo, Kristian Álvarez se barre para evitar el gol.

Falla que no mina el espíritu combativo que le distingue. Goza su último capítulo en el futbol profesional... Al menos por ahora. Bromea con todos, compañeros y rivales, durante los 10 minutos que el inmueble está en penumbras. Hasta el destino se encaprichó en que el adiós de Cuauhtémoc durara más.

“Yo estoy tranquila, porque algún día va a volver al futbol... Y será como director técnico”, sentencia doña Hortensia Bravo, madre del hoy político, quien también disfruta en la tribuna. “Me da mucho gusto la nueva carrera que va a empezar. También le irá muy bien. Es más: !Cuauhtémoc para Presidente!”.

Él lo toma con calma y agradece el apagón. Se revitaliza en la oscuridad, porque los 42 años de edad y 22 de carrera, a veces le cobran factura. Por eso, antes de ser el último cambio de La Franja, sólo calienta 13 minutos. Se levanta al 53’ de tiempo corrido y termina poco después de que Alustiza cristalice el penalti que abre las puertas del campeonato a los Camoteros. Después, contempla nervioso en la zona destinada para realizar ejercicios precompetitivos, mientras decenas de personas se arremolinan a unos cuantos metros de él para solicitarle, aunque sea, una mirada.

Les hace la noche cuando va rumbo a la cancha. Vuelve colectivo el sentimiento con aquel fantástico taconazo ante la marca de Giovani Hernández. Fue el último de los nueve balones que tocó en su final. Seis fueron pases correctos, incluido aquel desperdiciado por Alfonso Tamay ante el marco a su disposición. Sólo erró un pase, porque hasta en la velada del adiós mostró esa precisión de billarista que le hizo único.

Segunda vez que levanta la Copa. Lo hizo a finales de 2012, como capitán de los Dorados de Sinaloa. Noveno título en su carrera, sexto a nivel de clubes.

Por eso, nadie mejor que él para levantar la Copa y rubricar el triunfo ante su antítesis. Es cierto, tuvo tiempo para abrazar a amigos como Carlos Salcido, Ángel Reyna y hasta Omar Bravo, pero el fin de esta historia es a la altura de buena parte de la trama protagonizada por el hechicero que no volverá a mostrar su magia... Al menos no sobre los campos que mutaron en mágicos escenarios gracias a sus inagotables desparpajo e imaginación.

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