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Carnaval de goles

Carnaval de goles
08/07/2014 |23:02
Redacción Querétaro
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BELO HORIZONTE.— Brasil ya tiene otro Maracanazo. La Verdeamarela sufrió la peor goleada de su historia tras caer 1-7 ante Alemania en las semifinales de la Copa del Mundo.

La pentacampeona del orbe, que perdió la final del Mundial de 1950 en casa ante Uruguay —en el mítico estadio de Maracaná—, fue humillada otra vez como anfitriona, ahora por la aplanadora alemana en el Mineirao.

Los brasileños apenas se acomodaban, cuando... ¡gol de Thomas Müller (11’)! Intentaba reajustarse y... ¡gol de Miroslav Klose (23’)! Querían entender lo que pasaba... ¡otros dos de Toni Kroos (24’ y 26’)! y el mundo se les venía encima.

La Seleção del técnico Luiz Felipe Scolari se desmoronaba dramáticamente. Silencio sepulcral en la tribuna. Caras largas en Belo Horizonte y en el resto del coloso sudamericano.

El sueño del hexacampeonato se esfumaba y, al mismo tiempo, Brasil sufría su peor derrota en la historia, ahora por arriba de aquel 6-0 ante Uruguay en la Copa América de 1920,

Con toque en el medio campo y contundencia en la definición, la Mannschaft ya había finiquitado el partido tras 30 minutos.

Brasil nunca existió en el campo. Mermado por las ausencias de Neymar y especialmente la de Thiago Silva, su defensa central fue cómplice de la histórica goleada.

Klose rompió la primera marca del día. Su tanto a los 23 minutos lo convirtió en el máximo anotador de los Mundiales, con 16 goles, para superar al brasileño Ronaldo (15) y así dar el primer disgusto a los locales.

El quinto festejo de Alemania, por conducto de Sami Khedira (29’) representaba la primera vez que el histórico Brasil recibía cinco goles en casa en un mismo partido desde hace 75 años, cuando perdió ante Argentina 5-1 en 1939, en Río de Janeiro.

En el segundo tiempo, los brasileños tuvieron algunas opciones, pero fueron neutralizadas por el portero Manuel Neuer. Alemania pisó el acelerador y llegaron un par de goles más, ahora de Andre Schuerrle (69’ y 79’).

Las lágrimas de los futbolistas brasileños se confundían con las de los aficionados, que jamás pensaron terminar de semejante manera su aventura en el Mundial.