Marihuana, peyote y hongos, del uso sagrado al mal viaje

La revista Artes de México explora las practicas de indígenas con estas plantas. Investigadores llaman a que se eviten la desinformación y los estereotipos
Costumbre de Santa Rosa. Santa Ana Hueytlalpan, Hidalgo. (D.R. ANTONELLA FAGETTI, Toloache coatl, Peyote en flo, Costumbre de Santa Rosa, Ricardo Ánimas) 29/06/2018 00:20
29/06/2018
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Sonia Sierra
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Artes de México, en su número 127, se sumerge en el uso ritual de las plantas entre las comunidades indígenas del pasado y del presente de México, un uso que contrasta con el abuso y la desinformación en otros sectores, responsables en buena medida de que se haya abierto un mercado sin control que ha afectado el cultivo de estas plantas y contribuido a reforzar estereotipos y prohibición.

Hace ocho años, Margarita de Orellana —codirectora de la revista junto con Alberto Ruy Sánchez— planteó el proyecto de un número sobre plantas sagradas a los antropólogosJulio Glockner Antonella Fagetti. Pasó mucho tiempo, pero el número ya está, y justo hoy será presentado a las 12 horas en la Facultad de Medicina de la UNAM.

El número contiene —a la par de fotos y pinturas— escritos de antropólogos e historiadores que abordan casos puntuales sobre los rituales, saberes y contextos en torno del uso sagrado actual de plantas entre mazatecostarahumaras,otomíes y huicholes. Son investigaciones académicas de largo aliento que distan de visiones superficiales o de modas.

“Efectivamente es una práctica ritual ceremonial que corresponde a una cosmovisión muy particular de los pueblos indígenas de México, tanto en lo que fue Mesoamérica (centro y sur) como lo que fue Aridoamérica (norte) con el uso del peyote entre los pueblos indígenas coras, tepehuanos,huicholes y tarahumaras. En ambos casos la tradición es muy antigua; en el Museo Nacional de Antropología, en la sala de Tlatilco, un entierro del preclásico, es decir de más de 3 mil años, da cuenta de estas prácticas rituales. Y ha habido una línea de continuidad hasta la actualidad”, explica el antropólogo Julio Glockner.

De Orellana señala que la revista se refiere a lo ritual y curativo: “Pensamos que una exploración sobre las plantas sagradas es indispensable. Hay quienes las llaman alucinógenas, pero en este caso tomamos la palabra que usan los antropólogos: ‘enteógenas’, que quiere decir que se engendra en ti lo sagrado. Pensamos que es un universo desconocido e incomprendido. No usamos la palabra alucinógenas porque eso es distorsionar el sentido que le queremos dar”.

Para explicar sus efectos, hoy se usa el término de “expansión de la conciencia”, dice Glockner. Refiere una reacción bioquímica en el organismo que produce tanto un “refinamiento de la percepción” como el entrar a un éxtasis religioso que brinda “estados visionarios en los cuales se tiene contacto con deidades fundamentalmente asociadas con la naturaleza”.

El investigador añade que en la actualidad pervive una profunda relación con el sentido sagrado de la naturaleza, muy vinculado al santoral cristiano: “Es un sincretismo muy importante entre los pueblos, al grado, por ejemplo, de que tienes mitos en la Sierra Mazateca que le atribuyen a la sangre de Cristo o a su saliva el que los hongos crezcan en estas regiones”.