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Kozer, un hombre lleno de palabras

El poeta visitó la ciudad para impartir talleres, conferenc ias y hablar de su método de escritura
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Foto: Leticia Sánchez
22/08/2017
03:49
Rocío G. Benítez
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La primera vez que José Kozer pisó Querétaro fue en 1966 y se trató de una visita rápida, un encuentro de paso, de aquel momento el poeta recuerda a la ciudad como un lugar pequeño, “un poblacho de nada, ahora estoy maravillado, alucinado, feliz”.

Su segunda visita a tierras queretanas recién  fue, y el  encuentro duró toda una semana, en donde además de dar talleres y conferencias, el poeta cubano y radicado actualmente en Estados Unidos presentó De un solo (Doble) Dominio, editado por  la Universidad Autónoma de Querétaro.

Kozer es un poeta incansable, tiene 100 libros publicados y sigue escribiendo más, es un hombre lleno de palabras, lleno de imágenes, que no necesita ir a buscar a la poesía, ella llega sola.

Esa necesidad que existe hoy todavía de escribir poesía, ¿en qué radica? ¿Por qué escribir poesía?

—Por ningún motivo en concreto, se ha escrito poesía toda una vida. Yo creo que la persona que escribe poesía entra en un misterio, está en un estado mental difícil pero en el fondo saludable, yo creo que la poesía es curativa, la poesía no es destructiva y en un mundo donde hay que resistir tantas cosas y tanta dificultad sobre todo entre los jóvenes, cómo ganarse la vida, dónde vivir, en qué lugar estar, ante todas esas circunstancias, la poesía tiene de bondad el facilitar el día a día, el poder salir de un momento del trabajo vil y mal pagado y el tener una sombra y una aura, una luz donde se es auténticamente más feliz.

¿Cuándo se encuentra usted con la poesía?

—Mi caso es uno particular, el poeta tiene su modo de percibir y recibir la poesía, en mi caso yo la fui a buscar durante mucho tiempo de joven, no sé sí la encontré o no, pero hay un punto en mi vida, por los 40 años, en los que dejo de buscar y ella viene solita. Cuando se habla de Kozer, poeta prolífico, ahí no hay ningún misterio, simplemente un oído o una especie de vasija porosa donde cae la lluvia, se filtra y lo que se ha filtrado es el poema, yo no estoy buscando nada y lo que llega simplemente lo recibo y lo voy aceptando, rehaciendo, trabajando, corrigiendo y eso se convierte en el poema, es rápido, es un módulo muy rápido, pero es mi método, no es el método de todo el mundo.

¿Entonces usted sí ve a la poesía como un trabajo que sigue un método?

—Es un trabajo poco trabajoso siendo tremendamente trabajoso, porque lleva años y años de disciplina, devoción, vocación y, en un momento dado, todo aquello se convierte en rápida caligrafía, en movimiento casi inconsciente, donde todo sucede sin mayor preocupación, hay un poco de desfachatez en lo que yo hago, una especie de indiferente indiferencia ante todo lo demás.

Platicó que no es un teórico, que incluso cuando lee teoría a las pocas páginas termina escribiendo poesía, ¿así  se da su poesía, sin determinar un inicio?

—Yo escribo poesía desde que tengo 14 años de edad, nunca pero nunca he escrito un poema programado, planeado, determinado o predeterminado, ni uno me ha salido así; ahora, cada quien tiene sus maneras y sus métodos, hay poetas que se pasan varios días organizando algo; me imagino que cuando Eliot escribe sus dos primeros famosos textos, esos textos vienen de mucha lectura, organización, mucha meditación sobre qué voy a hacer,  cómo voy a hacer, y en un punto dado sí se lanza a escribir, porque te tienes que lanzar y hacer el poema. Mi caso es totalmente distinto, yo estoy caminando, me viene algo y me pongo a escribir, yo estoy viendo televisión o escuchando música y me alejo,  porque te tienes que alejar, y escribo,  la predeterminación no existe, existe el inconsciente.

De esta visita a Querétaro, ¿habrá algún poema?

—Varios,  varios, ya los verán.

¿Su próxima publicación?

—Están saliendo muchos libros y no es culpa mía, me piden y me piden,  acaban de salir dos en Cuba otros en Estados Unidos, no sé dónde más, ya perdí la cuenta, es que llegan lo abro, veo que estén bien publicados y lo agarro, lo meto en el stand donde están todos mis libros —ya tengo 100 publicados— y me olvido.

¿Los guarda ahí en donde tiene su cementerio de los libros?

—Sí, ahí en el cementerio de los libros; no, eso es una broma, así le digo a donde van a parar, como en una cocina hay un cementerio de cacharros que compramos, cosas que compramos y luego no las usamos, y quedan arrumbados, eso es un poco lo mismo.

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