¿Y sigue la corrupción? | Querétaro

¿Y sigue la corrupción?

Abigaíl Arredondo

Sin duda alguna, terminar con la corrupción es uno de los grandes pendientes que tiene nuestro país. El uso de los puestos públicos con fines económicos, el tráfico de influencias, el dispendio y las famosas “mordidas”, son acciones que han sido muy difíciles, casi imposibles, de erradicar.

No obstante que en el sexenio de Enrique Peña Nieto se impulsó la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, el cual dotó de “dientes” a las instituciones para castigar cualquiera de las acciones mencionadas; con la llegada del nuevo gobierno, el combate a la corrupción pasó a ser un tema más de la agenda común.

¿Cuántas veces escuchamos decir al mandatario que barrería la corrupción como se hace con las escaleras, de arriba para abajo? Ese fue, claramente, su bandera de campaña y el principal motivo que lo llevó a ocupar la máxima magistratura del país.

Y es que algo que ha distinguido a esta administración, es la ausencia o falta absoluta de mecanismos para el combate efectivo a la corrupción, llámese protocolos, lineamientos o simples acuerdos que restrinjan las malas prácticas. Por el contrario, todo se ha enfocado en la máxima de buena voluntad de los funcionarios, así como en procesar a ciertos personajes mediáticos para mantener al publico entretenido. De igual manera, a tres años de haber iniciado, el presidente tiene la confianza de afirmar que la corrupción en México se ha terminado y que ahora los servidores públicos son honestos.

Por ello, es que los resultados que dio a conocer la Entidad Superior de Fiscalización en el ejercicio 2020 son escandalosos. No es posible que existan anomalías por más de 32 mil millones de pesos en las haciendas locales, y por más de 10 mil millones de pesos en dependencias federales, incluida una de las obras cumbres de esta administración: el Aeropuerto Felipe Ángeles.

Ello rompe por completo con el discurso de “pureza” que tanto se ha pregonado y, por el contrario, demuestra que los candados y procedimientos para el control de los recursos se han, por decir menos, debilitado. Lo que se evidenció ayer en las primeras planas de los diarios más importantes del país, no fue un mensaje político, ni mucho menos propaganda pagada, sino el más claro reflejo de que las cosas no se están haciendo bien y que el derroche sigue vivo y en crecimiento.

Siempre he considerado que el manejo y aplicación de los recursos públicos no es un tema de voluntades o ideologías, sino de números y cifras. Por ello, es que al revisar la cuenta pública quedan de lado las buenas intenciones o deseos, lo que importa es verificar que el erario, que por cierto viene del bolsillo de las y los mexicanos, sea correctamente aplicado y justificado. Debemos entender que parte de la evolución de nuestro país, como una república democrática, está en la transparencia y claridad conque sus gobernantes se conducen. No tiene que ver con temas de integridad y pureza, sino de puntualidad y precisión.

Por lo pronto, veremos a dónde llegan los resultados de las auditorías realizadas, esperando por supuesto, el castigo de las y los responsables, ya que si no mal recuerdo ese fue el compromiso, ¿o no?  

Comentarios