No hay plazo que no se cumpla. Después de ya casi 60 días de campañas, el próximo domingo 7 de junio, será el día en que acudamos a las urnas para emitir nuestro voto. Mediante nuestro sufragio vamos a manifestar quiénes queremos que sean nuestros gobernantes los próximos seis o tres años.

Los mexicanos tenemos la obligación constitucional de votar en las elecciones que se celebren el país. Pero ¿qué tanto estamos conscientes de que el voto es una obligación que tenemos que cumplir? Al parecer, cada vez más mexicanos están desinteresados por cumplir con esta obligación.

Tan sólo en Querétaro, en las últimas elecciones para gobernador, se tienen registrados niveles de abstencionismo por arriba del 40% del listado nominal. El actual gobernador del estado de Querétaro, que está por concluir su mandato, en la contienda electoral del 2009 fue elegido solamente por el 28% del total del listado nominal de electores, lo que quiere decir que, 71.88% de los ciudadanos con derecho a voto no eligieron a quien conduciría las políticas públicas de Querétaro y los representaría durante un periodo de seis años.

Un fenómeno similar se generó con el abstencionismo del 36.92% en las elecciones federales del 2012 para la Presidencia de la República. El actual titular del Ejecutivo Federal ganó por los votos del 24.10% de los electores registrados en la lista nominal del entonces Instituto Federal Electoral, lo que se traduce en que, el 75.90% de los ciudadanos con derecho a voto, no eligieron a quien gobernaría al país.

Como reza el refrán: el que calla otorga. Obviamente en la democracia que se intenta practicar en nuestro país, un voto es un voto y mientras esos votos representen a la mayoría de quienes emitieron su opinión, esa mayoría, aunque sea relativa manda; por eso, un representante puede convertirse en tal, aunque en números reales no represente a la mayoría de los que está obligado a representar.

Desde mi opinión, esta fórmula de ganar a pesar de no contar con más del 50% del respaldo ciudadano, es una fórmula ya rebasada en el contexto que vivimos. La intención del sufragio es que ganen quienes decidan la mayoría de los ciudadanos que deben de ganar para que, efectivamente, los representen. Sin embargo, mientras existan partidos como el Revolucionario Institucional que tienen su voto duro, es muy conveniente para ellos que menos personas de la sociedad civil voten, pues cuando la gente no vota o anula su voto les irá mejor. ¿Esto es democracia? ¿Podemos creer en sus valores democráticos?

En nuestra legislación electoral tampoco se contempla la posibilidad de sancionar a quienes no cumplan con su obligación de votar, me parece que se tendrían que analizar las consecuencias sancionadoras que podrían imponérseles, atendiendo a que su apatía perjudica a la sociedad. Es innegable que mientras el abstencionismo siga haciéndose presente, seguiremos sin contar con el gobierno que merecemos y seguiremos rehenes de acciones de políticos que sólo buscan el poder.

En lugar de quejarnos por quienes nos gobiernan, asumamos el compromiso histórico y la obligación moral de tomar las riendas de la democracia para incidir en el futuro de nuestro estado, ejerciendo nuestro derecho al voto. Es importantísimo que salgamos a votar haciéndolo a favor de la propuesta y de quienes buscan abrir esos espacios para mejorar la vida de nuestra ciudad, de nuestro estado y de nuestro país.

Abogado y catedrático de la Universidad Anáhuac. @gmontes

 

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