Vivencias en la UAQ (I) | Querétaro

Vivencias en la UAQ (I)

José Alfredo Zepeda Garrido

Ha sido un enorme beneficio para Querétaro y para las numerosas generaciones de estudiantes que han recibido conocimientos y formación, el establecimiento del Colegio Jesuita de San Ignacio de Loyola en el año 1625, el cual resulta ser el antecedente de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

El logro se originó en aquel entonces gracias al empeño del Dr. Diego de Barrientos y Rivera y a su esposa María de Lomelín, que realizaron las gestiones necesarias, además de otorgar en donación los recursos para su creación y sostenimiento. Así, ambos personajes fueron los primeros benefactores de nuestra Alma Máter.

Luego de transitar por diferentes etapas de nuestra historia, se añadió en 1680 el Colegio de San Francisco Javier, gracias a otro insigne benefactor Queretano, Don Juan Caballero y Osio; ambos colegios pasaron a ser el Colegio Civil en 1887, para posteriormente convertirse en la Universidad de Querétaro el 24 de febrero de 1951, por decisión del gobernador queretano Octavio S. Mondragón. En 1959 la Universidad recibió legalmente la autonomía y pasó a denominarse Universidad Autónoma de Querétaro, con las atribuciones correspondientes, como lo son: autogobierno, lo que implica la independencia política y administrativa de una universidad pública respecto de factores externos; asimismo, adquirió la atribución de elegir a sus propias autoridades, estatutos y programas de estudio, sin injerencia del poder político.

Quien aquí escribe ha tenido la gran oportunidad de vivir muy de cerca el progreso de la UAQ, primeramente por razón de ubicación, al tener el domicilio familiar, hasta 1971, en la Av. 5 de Mayo, casi esquina con Río de la Loza en el Centro Histórico, cuando la actividad de nuestra Máxima Casa de Estudios estaba principalmente concentrada en el Campus Histórico (donde estuvieron los colegios jesuitas) localizado en la Av. 16 de septiembre, ahí se concentraban la Escuela de Bachilleres y las diversas escuelas profesionales que la integraban, así como la rectoría de la institución.

Otras de las razones lo fueron, que mis estudios de bachillerato los llevé a cabo en la UAQ, así como mis estudios profesionales en ingeniería civil en la misma, y posteriormente a obtener el grado de maestría en ingeniería (mecánica de suelos) en la UNAM en 1982, y de haber trabajado como ingeniero consultor para el Grupo ICA y después en la entonces SARH, regresé a Querétaro para incorporarme como profesor de la Facultad de Ingeniería en el Campus del Cerro de las Campanas.  

Tuve magníficos profesores en la Escuela de Bachilleres y en la carrera de ingeniería civil, a todos les recuerdo bien; los maestros, los programas de estudio y las instalaciones resultaban altamente motivantes.

En su oportunidad, al ingresar a la carrera de ingeniería civil en 1973, me tocó en suerte asistir al recién inaugurado Centro Universitario “Cerro de las Campanas”, con edificaciones modernas, ahí se trasladaron las escuelas profesionales que al paso de los años se convirtieron en facultades al ofrecer programas de posgrado. También se crearon centros de investigación que al paso del tiempo formarían parte de las diversas facultades, según correspondiera. —Continuará— 

Ex Rector de la UAQ 
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