Vinculación internacional como motor del desarrollo

Genaro Montes Díaz

A partir del año 1986, como consecuencia de las graves crisis económicas que periódicamente sufría nuestro país, las instituciones de Bretton Woods recomendaron a México dar un viraje en sus políticas económicas y pasar de una política completamente proteccionista, que enarbolaba la bandera de la sustitución de importaciones, a una política de liberalización de mercados, enfocada a la apertura comercial y la implementación de sistemas de integración económica, entonces desconocidos para nuestro país.

Así pues, mientras las economías más desarrolladas habían pasado de la implementación de la etapa de las uniones aduaneras a la conformación de bloques comerciales, México hacía su tímida incursión en el entorno internacional, vinculándose al GATT, con la intención de participar en un acuerdo de comercio internacional en el que, a través de reglas internacionales y la aplicación de preferencias arancelarias, tendría la posibilidad de abrir sus mercados más allá de las fronteras continentales.

Desde entonces, la presencia internacional de México en el entorno económico y comercial se ha desarrollado de tal manera, que al día de hoy, contamos con tratados y acuerdos enfocados al libre comercio, promoción y protección de las inversiones, desarrollo económico y sustentable, facilidades tributarias o participación en organismos internacionales tales como la Organización Mundial de Comercio, la Organización Mundial de Aduanas, la OCDE o el Mecanismo de Cooperación Económica Asia Pacífico.

Esta apertura, también ha propiciado la creación, modificación o derogación de disposiciones jurídicas del orden nacional, con el objeto de contar con normatividad que permita, por un lado, que las empresas mexicanas tengan mejores oportunidades de desarrollo y sean más competitivas en un libre mercado, mientras que por el otro, generan mayor certeza jurídica a las empresas de capital extranjero que decidan invertir en México, garantizando igualdad de condiciones en aras de fomentar el empleo, la investigación, la innovación, la calidad, la competencia y el crecimiento de la planta productiva nacional.

Los beneficios que ha obtenido México de esta vinculación internacional son innegables. Cierto es que también hemos tenido que pagar el costo del aprendizaje y tanto empresas como gobiernos han tenido que invertir en formación, capacitación, modernización y sistematización para estar al día y representar una oferta competitiva, ya sea de productos o servicios en el ámbito internacional.

Más allá del libre comercio y la reducción de tarifas arancelarias que beneficien la importación de ciertos productos o insumos a nuestro país, los acuerdos suscritos pueden ofrecernos una gran ventaja competitiva y abrirnos las puertas para crecer en diferentes áreas.

En la medida en que en el ámbito municipal y estatal se desarrollen políticas públicas encaminadas a aplicar y explotar el alcance de estos acuerdos internacionales, así como a generar vínculos de participación con la comunidad internacional, se cimentará una plataforma para detonar el crecimiento y desarrollo en las áreas educativas, sociales, culturales, tecnológicas, científicas, de sustentabilidad y de investigación, lo que repercutirá en resultados muy positivos para quienes se animen a tomar el reto de emprenderlas en beneficio de sus gobernados.

Abogado y catedrático de la Universidad Anáhuac. @gmontes

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