Universidad y cultura

Luis Vázquez Villalón

El viernes pasado se realizó, en el Auditorio Fernando Díaz Ramírez de la Universidad Autónoma de Querétaro, el foro de discusión Secretaría de Cultura: alcances y limitantes, en donde algunos de los especialistas dentro del panel fueron la doctora Blanca Estela Gutiérrez y el maestro Eduardo Núñez Rojas, de parte de nuestra alma mater.

El foro versó sobre las actividades y obligaciones de la Secretaría de Cultura, que fue recientemente creada: el pasado 17 de diciembre de 2015, día exacto en el que se publicó el decreto presidencial que da origen al nuevo órgano, en el Diario Oficial de la Federación.

Algunas de las preguntas y aseveraciones fueron especialmente interesantes y despertaron mi curiosidad, lo que me llevó a realizar una breve investigación que originó una amplia cantidad de reflexiones cuyas conclusiones compartiré en este espacio.

Podemos enlistar las preguntas: ¿cuál es la verdadera competencia de la nueva Secretaría? ¿Desde dónde nace la iniciativa? ¿Cuáles son sus encomiendas principales? ¿A qué desafíos responde?

Una de las afirmaciones más fuertes vino de la doctora Blanca cuando señaló la contrariedad en la que cayó el gobierno federal al crear una Secretaría para el mismo sector al que pretende reducir el presupuesto o también, cuando la misma investigadora señaló “La desvinculación entre la educación y la cultura no sería preocupante si hubiera claridad en sus lineamientos; pero es obvio que actualmente en México no hay ni proyecto cultural ni de educación”.

Esto hizo que naciera en mí la pregunta: ¿por qué la cultura no está controlada por la Secretaría de Educación Pública, cuando la correlación entre ambos temas es tan evidente?

La respuesta es más cruda que la pregunta: la SEP está demasiado ocupada tratando (sin demasiado éxito) de proveer de educación básica de calidad a la mayor cantidad de mexicanos posibles, no tienen la capacidad técnica de ocuparse de ningún otro aspecto de la vida de los ciudadanos. En resumen, porque no puede.

Una vez establecido lo anterior, permanecen las preguntas: ¿de dónde viene? Y ¿para qué es esta Secretaría?

Mi Facultad, sí, la de Contaduría y Administración, ya nos había dado una respuesta a la primera, hace años, con su colaboración en la investigación de Josefina Morgan Beltrán, realizada en 2013 y que se correlaciona con el libro de Carlos Lara, profesor de la FCA-UAQ, La reforma cultural; el pendiente de la transición democrática y la alternancia política, y que por cierto, está prologado por el ex candidato a la gubernatura Roberto Loyola Vera. Va más allá de la intención del presente abordar las causas que dieron origen a esta Secretaría, por lo que comentaremos el contenido del texto en otra oportunidad.

En cuanto a la segunda, ¿para qué una nueva Secretaría de Cultura? La respuesta es muy amplia: para organizar y desarrollar la educación artística nacional; patrocinar congresos, asambleas y concursos de tipo científico, técnico, cultural y artístico; establecer criterios educativos y culturales en la producción cinematográfica, de radio y televisión y de la industria editorial; coordinar la administración de las estaciones radiodifusoras y televisoras pertenecientes al Ejecutivo federal; administrar las bibliotecas públicas; conservar, mantener, y proteger monumentos arqueológicos, históricos y artísticos del patrimonio; y encima de todo, otorgar becas para los estudiantes mexicanos que busquen completar estudios enel extranjero o realizar investigaciones.

No solamente es ambicioso, sino que carga en sus hombros una importancia enorme e infravalorada. Es el principal responsable de proteger e incrementar el “poder blando” de nuestra nación.

Recordemos que el poder blando es un término acuñado por el profesor de Harvard, Joseph Nye, que se refiere a la capacidad de los estados de incidir en las acciones o intereses de otros mediante medios culturales e ideológicos. Y, por si fuera poco, lo tiene que hacer con poco presupuesto debido al precio del barril de crudo.

Secretaría de Cultura, les ofrezco una sugerencia que nace a partir de mis experiencias como millennial: trabajen en conjunto con la Estrategia Digital Nacional, para digitalizar y hacer accesible todo el material cultural mexicano. Puede ser un buen paso para empezar.

Estudiante de la Facultad de Contaduría de la UAQ. @lui_uni

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