Un presidente en plenitud que se siente acorralado

Leonardo Curzio

Nunca pensé que AMLO lo diría. Durante décadas ha repetido la máxima de Lerdo: la prensa se regula con la prensa. El viernes, sin embargo, mandó la señal a los dueños de los medios de revisar líneas editoriales, cosa que ocurría con frecuencia en el gobierno anterior. El golpeteo sistemático a los diarios lo anticipaba, pero había sido más cauto con los electrónicos. La acusación es injusta, pues los comentarios de los colegas estigmatizados en el infame video se basaron en un informe fallido de la ASF. Su Secretario de Hacienda sorteó con humor y talento el escollo y ganó credibilidad. El presidente, en cambio, desbordado en sus emociones, perdió los estribos. Espero que se libere pronto de la visión estrecha de quienes le hacen extractos de información sesgados, que ni siquiera pudieron reportarle, con objetividad, quiénes le auguraron pronta recuperación del Covid. Esa estrechez de miras hace que el Presidente se sienta acorralado y supongo que los desayunos con sus propagandistas exacerbarán esa condición. Le urge salir del círculo. Preocupa porque su poder aumenta y sus emociones pueden alterar el curso del sexenio.

Fiel a su afición a Clío busca inspiración en la historia. Es saludable emular a personajes. Pero puede deformarse la propia condición cuando el que se emula es diferente a uno. https://www.eluniversal.com.mx/universal-deportes/futbol/liga-mx-chivas-... en compararse con Madero. No puedo imaginar circunstancias más diferentes. Tiene algo de escarnio que el presidente de las mañaneras (transmitidas íntegramente por los medios públicos) se sienta sofocado; tiene, además, un aparato de penetración en las redes sociales y millones de seguidores en sus cuentas. Es inquietante que se sienta acosado. Madero tuvo un tratamiento inicuo y López Obrador tiene en su haber el mayor número de spots y elementos de propaganda que un político haya tenido en la historia contemporánea del país. Se parece más a Cárdenas como imagen del semidios.

A diferencia del prócer, él ha visto cómo el Ejército no sólo le tributa lealtad, sino que le ayuda a construir sus obras faraónicas y le organiza desfiles para su disfrute personal. Las expresiones de lealtad al jefe del Estado honran a un Ejército disciplinado, que no tiene nada que ver con el golpista y faccioso con el que tuvo que lidiar don Francisco I. Madero vivió acosado por los señores del dinero y todos los grupos de interés del porfiriato. López Obrador, en vez de grupos que lo quieren derribar, recibió el viernes en su comedor a los hombres más ricos de este país. Comparar esta situación con la de Madero es equiparar a Nabucodonosor con un mártir.

Madero vivió un cerco internacional instigado por el embajador americano. López Obrador ha disfrutado de una cálida amistad con Trump y hoy tendrá una constructiva conversación con Biden. ¿Qué hubiese dado el prócer por tener un ambiente así? Se parece más a Porfirio Díaz en su primer periodo.

López Obrador genera preocupación por la razón opuesta a la que despertaba Madero. La inquietud que despierta AMLO es la restauración del presidencialismo imperial e infalible, no un presidente acorralado. La última encuesta de Buendía sugiere que va en caballo de Hacienda para conservar mayoría en el Congreso. Ha puesto de rodillas a la Auditoría y al Tribunal Electoral. López Obrador no está arrinconado es un presidente en plenitud, con creciente poder, por tanto, no tiene mucho que ver con Madero, aunque él se empeñe en buscar paralelos artificiales.

Le urge salir de un círculo que le estimula su faceta menos brillante.

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