Un milagro | Querétaro

Un milagro

Danaý Martinez

El deporte amateur es la esencia del olimpismo, es el orgullo de portar un uniforme sin signo de pesos, es remar contra corriente para que las medallas y los triunfos tengan más valor que cuestiones políticas.

El deporte amateur es la esencia del olimpismo, es el orgullo de portar un uniforme sin signo de pesos, es remar contra corriente para que las medallas y los triunfos tengan más valor que cuestiones políticas. Pero está el otro extremo, está el deporte profesional o lo que viene siendo, el deporte de los buitres. Donde lo menos importante es el deporte y qué decir del deportista que prácticamente es un títere.

Esta columna está dedicada a la pasión por el futbol profesional, aquella que ni las mejores plumas como Villoro o Galeano pudieron ocultar en sus textos. Como mexicana soy seguidora de uno de los grandes, uno de esos equipos a los que Roger Magazine ha llamado el ideal utópico de la sociedad mexicana.

Allá en lo alto, donde sólo se mira el cielo, están mis ojos y los de cientos de mexicanos, que de cualquier parte de la República tuvimos que esperar por tres años para que llegara este momento.

Como diría Valdano, “El futbol es lo más importante de lo menos importante”. La Liguilla de la Liga MX comienza este día y como siempre, los reflectores solamente están puestos en algunos encuentros o mejor dicho en algunos equipos.

El futbol tiene tres diferentes seguidores en nuestro país: está quienes lo aman, están los que lo odian porque no se les presta atención a otros deportes y están quienes mueren por el futbol, pero jamás… es indiferente.

Comencé esta columna hablando de Villoro y Galeano para justificar un poco mi “pambolerismo”, pero es que ese no se puede ocultar, ese emana de los poros y al igual que el sexo, una vez que lo pruebas… jamás lo dejarás de consumir.

Y es que el futbol es eso, pasión, es una droga que vuelve locos a los más vulnerables, vuelve sabios a los más callados, vuelve detestable a quienes lo atacan y vuelve cobarde a quien lo mancha.

Una Liguilla más, pero la ilusión de siempre, la primera batalla es contra el enemigo público número uno, quisiera decir que me he cansado, pero estaría mintiendo, sigo con la esperanza de un milagro, quisiera decir que me tienes hasta la madre… pero me tienes.

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