Última advertencia

Luis Vázquez Villalón

Desde que publiqué en este espacio la colaboración titulada La devaluación del puesto los conceptos descritos ahí no solamente han capturado mi mente obligándome a investigar el fenómeno con mayor profundidad, sino que también ha sido el principio reactor a través del cual veo y, por ende, la manera en la que reacciono a los eventos políticos.

Las investigaciones han rendido frutos, el libro El fin del poder de Moisés Naím (quien entre muchas otras cualificaciones cuenta con un doctorado del MIT) confirma que todo lo redactado en esa colaboración está pasando y de hecho, es mucho más grave de lo que mi alcance me permitió ver entonces.

Para entender lo que está en juego comencemos con una definición del poder que es más o menos aceptada por todos. “El poder es la capacidad de hacer que otros adopten conductas que se desean”. Y se adquiere por cuatro canales generales:

— Persuasión. Se convence al individuo de que haga algo. Usas el lenguaje para solicitar que hagan algo. Ésta es la empleada por el líder carismático de Max Weber.

— Recompensa. Das algo a cambio de la conducta que deseas. Es por esto que los jefes en las oficinas tienen poder sobre sus empleados, les dan una recompensa (el salario) por la que se ven obligados a obedecer.

— Obligación. Deriva de la moral y es el tipo de control y poder que ejercen los cultos religiosos y todos los demás que busca regular la ética del individuo.

— Coerción. El poder de los fuertes, hace que se adopte una conducta bajo amenazas de causar daño si no se sigue el lineamiento.

Todas las formas de poder pueden encuadrarse dentro de estas cuatro guías y son las que logran que haya alguien al volante y tenga la responsabilidad del destino del vehículo. Una sensación con la que mi generación no ha crecido.

Entiendo que debe ser difícil escuchar en estos momentos que la influencia de los poderosos está disminuyendo, y más aún que lo hace de forma drástica y alarmante, y además que eso no es necesariamente bueno.

Comencemos por las razones por las que se está menguando el poder:

Moisés Naím, el autor de este revelador libro, determina que el poder está cayendo por condiciones geopolíticas que llama “revoluciones” y son tres:

— La revolución del más. Hay más de todo. Hay más personas, hay más comida, más productos para consumir, más graduados de las universidades del mundo, y mucha más información que la que tenían nuestros antepasados. Esto podría ser bueno si cosas como la comida fueran distribuidas adecuadamente o si toda la información fuera útil para los fines directos de las personas.

— La revolución de la movilidad. Las técnicas de desarrollo industrial y manufactura nos permiten producir cantidades enormes de maquinaria de transporte necesaria para llevarnos del punto “a” al “b” cada vez más rápido y más barato. Esto permite que viajemos y busquemos mejores opciones de todo en nuestras vidas. Por ejemplo, no tenemos que conformarnos con los servicios de proveedores locales, podemos ir con empresas extranjeras en cuestión de segundos haciendo que los locales o mejoren o pierdan compradores.

— La revolución de la mentalidad. Es consecuencia de las últimas dos y es también la más importante de ellas.

Veamos cómo afectan estas revoluciones al poder en sus formas:

Estas personas con mayor capacidad y por ende más poder han hecho que el macropoder, las súperestructuras de poder, se dividan en micropoderes y estos, como digo, no son necesariamente algo bueno.

Llega el momento en el que todos o muchos tiene el poder para bloquear decisiones pero nadie tiene el poder suficiente para ejecutar y llegamos al estado actual de las cosas, la sensación de que nadie está plenamente a cargo.

Esto no está ni cerca de alcanzar la magnitud con la que se debe describir el comportamiento del poder en el entorno moderno, pero si alcanza y sobra para advertir por última vez...

Jóvenes que sueñan con el poder público del que disfrutaron figuras hegemónicas de las generaciones pasadas, sepan, ese poder no volverá a existir. Adáptense.

Estudiante de la Facultad de Contaduría de la UAQ. @lui_uni

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