Tolerancia y respeto

Genaro Montes Díaz

“Cuando el relativismo moral se absolutiza en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo”. Benedicto XVI.

Siempre he creído que los postulados consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos deben de ser cuidadosamente estudiados, observados y respetados tanto por Estados como por individuos. La razón está claramente contemplada en el preámbulo de este instrumento internacional, que es contundente al señalar que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad. Dichos actos sin lugar a dudas han lacerado la memoria colectiva y nos han dado la oportunidad de recapacitar para generar condiciones que impidan que se repitan.

A la fecha se siguen vulnerando dichos derechos, tanto por países que no les interesa ratificar tal Declaración, como por gobiernos que a pesar de que ya la han ratificado tampoco les importa su cumplimiento. Inclusive se han dado casos de organizaciones civiles, empresariales o políticas que son omisas en observar el respeto a la integridad de la persona humana. Resulta lamentable porque en pleno siglo XXI, con los avances científicos, tecnológicos, culturales y sociales existentes se siguen dando actos dignos de la edad media, que en vez de dignificar al ser humano, nos hacen dudar de la racionalidad en el actuar y proceder de muchos de nuestros congéneres.

Bajo este contexto, existen diversos grupos autodenominados “minorías”, que durante muchos años sufrieron discriminación, segregación y abusos; objetos de un trato indignante por quienes no los aceptaban atendiendo a sus creencias o ideologías religiosas, étnicas, culturales, sexuales, políticas, artísticas y hasta deportivas. Poco a poco esos grupos se han convertido en parte de la cotidianeidad dentro de una sociedad que reconoce su valía y pretende ser plural, respetuosa y tolerante de los derechos fundamentales, que todos poseemos sólo por ser humanos.

Sin embargo, probablemente por los malos tratos que han recibido, parece que hoy quienes buscan exaltar su condición de minoría son algunos que la conforman; en donde a través de un activismo mal encauzado exacerban su condición al grado de radicalizar su posición y volverse intolerantes contra quienes no compartan sus maneras de vivir, pensar o actuar. Resulta que si alguien no comparte sus creencias entonces está en el error y peor aún, en contra de ellos. Cada vez más expresiones con las que pretenden supuestamente defender sus derechos terminan en actos intolerantes o violentos en contra de los que no piensan igual, provocando así el encono y la división.

Creo que el respeto y la tolerancia deben ser recíprocos. Siempre encontraremos a personas afines a nuestra forma de vida y también a quienes no lo sean. Cada cabeza es un mundo y tenemos que entender que para evolucionar es menester dejar vivir a los demás conforme sus ideologías, creencias y posicionamientos. La pluralidad y diversidad nos permiten coexistir sin hacer alarde de nuestras ideas en detrimento y como provocación a los demás. Así como damos, tenemos el derecho a exigir respeto y tolerancia de manera responsable, para así construir juntos un mundo mejor.

Abogado y catedrático de la Universidad Anáhuac.

@gmontesd

Comentarios