Tiempo de concordia

24/03/2020
06:18
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Este domingo en su columna el historiador Lorenzo Meyer, quien coincide con el presidente francés Macron, define la situación de la pandemia del Covid-19 como una situación de guerra. Para ello, Meyer agrega que además de la pandemia, México enfrenta al mismo tiempo otras guerras: contra el crimen organizado, una política entre el gobierno y el antiguo régimen y una económica contra quienes se resisten a perder sus privilegios. En esa encrucijada se encuentra nuestro país.

Y, sin embargo, ningún actor político abona para poder hacer frente de manera conjunta ante el nuevo virus, por el contrario, toman esta coyuntura para jalar agua para su molino y desacreditar a su opositor. Entiendo que los políticos politizan todo, pero también los buenos políticos saben cuándo hay que enfrentar al rival y cuando hacer causa común.

La oposición hace un papel lamentable encendiendo las alarmas y dibujando un escenario apocalíptico. Son mezquinos apostando al fracaso del gobierno federal en esta circunstancia.

La comentocracia corre en el mismo carril, no escucha la información oficial y anhelan por ver el apocalipsis en México, prueba de ello es la noticia que había muerto un empresario víctima de Covid-19 para después ser desmentidos.

Del lado presidencial tampoco las cosas van bien, la actitud del presidente de comportarse como un Enfant Terrible de la política, al seguir con mítines, lanza un mal mensaje de cómo se gestiona la crisis. ¿De qué sirve que el gabinete de salud haga campañas de sana distancia cuando el presidente parece no respetarla? A eso, hay que sumarle la imagen de las estampitas protectoras que lleva en su cartera. En este momento, un poco de serenidad le caería bien al ejecutivo.

Y, por último, penoso el actuar de la clase empresarial; primero una poderosa corporación que, para no perder márgenes de ganancia manda a sus empleados sin goce de sueldo a sus hogares. Para ellos, la empatía no existe.

Es momento de la concordia, quien para los antiguos romanos era una diosa para la paz, donde todos los actores den una tregua a sus ambiciones políticas.

No espero un pacto por México como en el peñanietismo, el cual resultó ser todo un fiasco, sino un franco diálogo de Unidad nacional, muy a la manera del presidente Manuel Ávila Camacho cuando ante la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial convocó a todos los actores —expresidentes incluidos— a cerrar filas. Pero como dijo Juan Gabriel en la canción “Se me olvidó otra vez”: sé que estoy pidiendo demasiado.

 

Periodista y sociólogo. @viloja

 

Periodista y sociólogo. Docente de la UAQ.

Director del semanario universitario Tribuna de Querétaro.

Twitter: @viloja

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