Testigo | Querétaro

Testigo

Mariana Martínez Dionicio

El arte inmortaliza eventos, personas, pero en especial sentimientos que pueden llegar a ser abrumadores, eufóricos

El arte tiene la habilidad de inmortalizar sentimientos. Hay artistas que tienen maneras tan peculiares de mostrarnos sus sentimientos al transportarnos a mundos diferentes, otros pueden mostrarlo a través de testimonios no escritos dentro de sus obras. Hoy me gustaría contarte de dos artistas y la manera tan peculiar de inmortalizar sentimientos que todos hemos sentido en algún punto de nuestras vidas.  

Me gustaría contarte de Marc Chagall, fue un artista muy reconocido por su estilo tan peculiar, en el que resaltan elementos surrealistas, infantiles y coloridos. A través de su trabajo inmortalizó el gran amor que sentía por su esposa Bella, un amor que no conocía ni barreras de gravedad. En 1915, antes de casarse con su pareja, el artista pinta su pieza “El cumpleaños”, en ésta se muestra como los dos enamorados se encuentran flotando perdidos en un beso. En la pintura Bella se halla a escasos centímetros del suelo y se muestra sujetando un ramo de flores, este gesto podría inferir la emoción que ambos compartían acerca de su tan esperado futuro juntos. Mientras tanto la figura del artista se encuentra flotando arriba de ella, besándola, su postura es tan fluida que da la sensación de seguridad. La escena de ellos flotando se repetiría más de una vez en las pinturas del artista, gracias a esto, es como el gran amor de ambos trascendió fronteras e incluso la gravedad.

Un sentimiento que el arte ha ayudado a inmortalizar es la melancolía. En ocasiones las conexiones entre pintura y sentimiento resultan no ser tan obvias, pero una vez que se encuentra no hay vuelta atrás. Para esto me gustaría contarte un poco acerca de una obra de David Friedrich, artista renombrado dentro del movimiento romanticista en Alemania. La obra “El mar de hielo”, elaborada entre 1823 y 1824 muestra la imagen de lo que parece ser un iceberg roto, debajo de éste se encuentra la figura de un barco hundido, uno que perdió contra la fuerza de la naturaleza. Esta pieza viene a la mesa porque tiene una conexión importante con un evento de la vida personal del artista. Durante su infancia perdió varios integrantes de su familia, entre ellos sobresale su hermano. El accidente sucedió en un lago congelado, un fragmento de hielo se rompió y David Friedrich cayó dentro del agua, su hermano no dudo en ayudarlo y se aventuró a buscarlo, sin embargo, falleció en el intento. Este evento marcó la vida del artista y también cómo veía el mundo, la melancolía y culpa que le dejaron éste y otros eventos en su vida está inmortalizada en una vasta parte de su producción artística. 

Es por esto que propongo que el arte es un testigo. Uno que inmortaliza eventos, personas, pero en especial sentimientos que pueden llegar a ser abrumadores, eufóricos, etc. Estos dos artistas demuestran que una de las maneras de canalizar y darle voz a todas estas emociones es a través de la creación artística. Pero, ¿tú qué opinas?, ¿crees que un sentimiento cabe en un lienzo?

*Lic. en Historia del Arte y Curaduría

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