Sobre la fragilidad del sistema de partidos

Concepción Delgado Parra

Hace algunas semanas se filtró una conversación en la que el presidente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), Marko Cortés, reconoció que su partido solo podrá ganar la gubernatura de Aguascalientes de las seis gubernaturas en disputa en 2022. Pero, no solo eso, considera que será complicado desplazar a Morena en 2024. Esta afirmación es preocupante, implica que el partido que encabeza la oposición al actual gobierno, acepta de antemano su derrota.

El partido que lidera la alianza tripartita (PAN-PRI-PRD), que pretende desplazar a Morena en 2024, de entrada se declara desahuciado.

Una fuerza política que contribuyó en su momento a crear una oposición doctrinaria respetable, más allá de las posturas que la ciudadanía tenga, a plantar cara al PRI. Una corriente en la que llegaron los “bárbaros del norte” a dar un empuje electoral. Y, más tarde, sus cuadros arrojaron al partido a la debacle cuando llegaron al poder en 2000. En este momento, olvidaron los principios que el PAN había abanderado y mostraron el rostro real de su más cara ambición. Abrieron el espacio a la corrupción e irrumpieron en el terreno de la violencia cotidiana como nunca se había visto. Incapacidad y oportunismo generalizado fueron la marca de identidad de este partido.

Actualmente, no tienen líder, ni proyecto, ni cuadros. Hoy, este partido está moribundo.

Pero, qué hay del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Por una parte, crea alianzas con el PAN y, por otra, lo engaña negociando con el Ejecutivo federal. Su propósito, mantenerse siempre cerca del poder. El PRI es una versión minúscula de lo que históricamente fue.

Y, el PRD, ni qué decir. Configura un fideicomiso en liquidación, para utilizar las palabras de Julio Hernández López (Astillero). Perdió su registro en la mitad de los estados de la República, con una bancada senatorial pírrica en la que sus integrantes se reducen a personajes que ni siquiera fueron postulados por el PRD, como Miguel Ángel Mancera, llevado a la posición de senador por el PAN, desde el Comité Estatal de Chiapas.

Hablar de oposición en este momento en México es ridículo. No hay oposición. En realidad, el enfrentamiento se encuentra dentro de Morena, no en los partidos externos. Las facciones antagónicas se configuran a partir de las apuestas creadas para elegir a quien será el sucesor de Andrés Manuel López Obrador en 2024.

Este ejercicio muestra la fragilidad del sistema de partidos en México. La experiencia vislumbra su colapso. Si bien, esto no es nuevo, las elecciones de 2018 perfilaron su quiebre. Al ganar la oposición las elecciones en 2018, el nuevo contrincante se diluyó y, sin una figura antagónica, lo que aparece es una sola voz. Paradójicamente, el sistema político en México se fortaleció, mediante el triunfo en las urnas de Andrés Manuel López Obrador con más de 30 millones de votos. Pero, esto no significa que estemos frente a un régimen democrático. Sin oposición fuerte, es inútil afirmar que gozamos de una sana democracia. 

Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale

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