Silencio cómplice | Querétaro

Silencio cómplice

Niels Rosas Valdez

Hace unos días conocimos la noticia de que el periodista Ciro Gómez Leyva fue atacado mientras se dirigía de su espacio de trabajo a su domicilio. El trayecto corto y que no habría representado mayor problema se convirtió en una pesadilla para él, pero también para el periodismo en México. ¿Qué impactos hay de este suceso?

Lo experimentado por Gómez Leyva fue una situación deplorable que ha causado conmoción en el país. Afortunadamente, salió ileso del atentado por la protección apropiada con la que contaba en ese momento. Las balas que fueron disparadas por los perpetradores del ataque no lograron penetrar el blindaje del vehículo que manejaba. Al final, la víctima pudo sobrevivir y reportar el incidente. Sin embargo, esa es una realidad que no todas y todos los periodistas lamentablemente alcanzan a experimentar en nuestro país.

La situación de inseguridad en el territorio nacional se ha deteriorado mucho recientemente. Lo muestran los números, a pesar de la narrativa del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien le echa la culpa a las administraciones pasadas y no asume su responsabilidad como el titular del Poder Ejecutivo del país para atender la situación. Él en repetidas ocasiones ha señalado que los pasados mandatarios le dejaron “un cochinero” en cuestiones de seguridad. Muchos no comparten esa declaración, pero, aunque fuese cierto, eso no le exime de que él y su gobierno trabajen para remediar la terrible situación que atraviesa México.

La violencia ejercida hacia los periodistas ha crecido en los últimos años, sobre todo en el actual gobierno. La cantidad de periodistas asesinados en lo que va de la presente administración supera las cifras de los pasados periodos presidenciales completos. Es una situación preocupante por varias razones. Una de ellas es que están asesinando a personas, que es algo que simplemente no debería pasar en un Estado sano.

Otra es que esas personas son periodistas, es decir, individuos que se dedican a investigar y realizar reportajes en torno a una diversidad de cuestiones, entre ellas los manejos de los políticos y gobiernos. De esta manera, su labor es imprescindible para exigir transparencia y rendición de cuentas, lo que podría aunar al mejoramiento de las prácticas democráticas en México.

Pero la falta de protección hacia los periodistas, a pesar de la evidente situación de violencia a la que se enfrentan, demuestra el poco interés que existe de la actual administración por resarcir el panorama. Y es que es complicado poder disminuir la violencia ejercida hacia los periodistas cuando el líder del país se ha pasado los últimos años denostando su labor, criticándolos por no estar a favor de su gobierno y pensar diferente a él. Eso no habla realmente de un genuino interés por mejorar la sociedad y el clima de inseguridad.

Y una tercera razón es la incongruencia por parte del partido oficialista y un puñado de seguidores. Resulta irónico que algunos morenistas critiquen mucho de los pasados gobiernos y se desgarren las vestiduras defendiendo a López Obrador y su 4T, pero no muevan un dedo, no se manifiesten y ni siquiera escriban un breve comunicado de apoyo o solidaridad ante los atentados hacia periodistas en México. Ese silencio, quieran o no, es cómplice de lo que hace y deja de hacer el actual gobierno para proteger a quienes se dedican al periodismo en el país. Ni más, ni menos.

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