Seguridad pendiente | Querétaro

Seguridad pendiente

Editorial El Universal

 

El vehículo diplomático estadounidense, atacado por agentes federales mexicanos el viernes pasado, así como los bloqueos del crimen organizado ayer en Guadalajara ponen el tema de la seguridad de nuevo en el foco de la agenda pública.

 

Los dos sucesos ejemplifican dos problemas eje de la lucha contra la criminalidad: la capacidad de los delincuentes para alterar la vida cotidiana incluso en las mayores urbes y lo preparados que están o no nuestras fuerzas del Estado para enfrentar a las mafias sin vulnerar los derechos humanos de la ciudadanía.

 

De 2006 a la fecha se han incrementado en el país tanto el número de víctimas del crimen como la cantidad de recursos, personal e infraestructura dedicadas al combate a ese flagelo. El paralelismo no implica necesariamente que haya una causalidad entre la estrategia gubernamental y la violencia generada; sin embargo, cuando menos sí se demuestra con este contraste que lo hecho hasta el momento ha resultado insuficiente para garantizar la seguridad de la sociedad.

 

En el transcurso del último lustro zonas del país como Monterrey o Guadalajara, antes ajenas a lo ocurrido en ciudades como Ciudad Juárez o Reynosa, se han visto inmersas en la vorágine de miedo y violencia.

 

Se dirá, con cierto grado de razón, que el camino hacia el orden y la paz se anticipó largo y tortuoso desde el principio. Lo cierto es que eso no debe frenar la búsqueda de alternativas o correcciones necesarias en lo hecho hasta ahora.

 

Habría que preguntarse, por ejemplo, si el incremento de las capacidades operativas de los cuerpos del Estado ha correspondido de manera proporcional con la preparación de esas fuerzas para que no se atropellen derechos y actúen dentro del marco de la ley.

 

La creación de la Ley de Víctimas, la suposición de la inocencia de los caídos en esta lucha contra el crimen y el acotamiento de la acción militar a la jurisdicción de las autoridades civiles -como el límite de la Corte al fuero militar- son terrenos en los que apenas se ha avanzado en el último tramo de la cruzada contra la delincuencia.

 

En el ocaso del presente sexenio cabe valorar los avances que se han tenido. Pero también hace falta establecer diagnósticos y planes de acción sin dogmas ni prejuicios.

 

Hasta que la tranquilidad vuelva a las ciudades hoy atemorizadas no se puede dar por exitosa ninguna estrategia.

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