La paz y tranquilidad histórica de nuestro estado provoca la pregunta frecuente acerca de sus causas y la realidad que vivimos en materia de seguridad; por eso, a más de uno que no le basta la información pública, formula explicaciones con distinto tenor, desde las que se fundan en el sentido común, hasta las que suponen perversión como origen de todo lo que ven.

La seguridad es tema moldeado por la percepción pública, dada la naturaleza propia del concepto que denota paz. Pero esa percepción es demasiado volátil, cuando se trata de juzgar a los gobiernos y ocurre con frecuencia que ante hechos de violencia inusitados la sensación del riesgo crece, sobre todo cuando hay desinformación o silencio.

En realidad, la seguridad pública es un campo con gran deuda para la transparencia, pues además de que es necesario saber cómo trabaja el Estado en una de sus principales tareas, también necesitamos conocer cómo fue gastado el presupuesto, cada año incrementado por el Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública, que en el ejercicio fiscal 2013 dispuso para Querétaro más de 145 millones de pesos, de los 7 mil 631 millones 761 mil pesos para todas las entidades.

La información más acabada es la del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el INEGI, que provienen de la misma fuente: autoridades de seguridad pública, procuración de justicia, centros penitenciarios y tribunales de justicia del país. Además contamos con encuestas oficiales y las de organismos privados o ciudadanos organizados que construyen datos con los que califican a los Estados según su arbitrio metodológico.

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2012 del INEGI, indica que Querétaro es el tercer estado más seguro de la República; mismo lugar que otorgó el Índice Delictivo del Centro de Investigaciones para el Desarrollo AC; estos estudios reflejan la propia percepción que se usó para su elaboración, que surge de modo natural de la inevitable comparación con las entidades vecinas que sufren notoria violencia de la delincuencia organizada o por las distintas manifestaciones del desarrollo económico en la entidad. Las cifras del INEGI también muestran la constante alza numérica de la incidencia delictiva por año, ya que durante la década 2000-2010 se mantuvo por debajo de los veinte mil delitos (salvo 2003 que tuvo 20 mil 441); pero en el 2011 pasó a 23 mil 346; en 2012, tuvo 26 mil 032 y, en los primeros cinco meses del 2013, ya suman 14 mil 625 ilícitos.

En tanto, el Sistema Nacional de Seguridad Pública indica que de 2011 al año pasado, subió el registro de los delitos de alto impacto: delitos patrimoniales de 3 mil 551 a 3 mil 606, los sexuales de 220 a 242, homicidios 314 a 341, secuestro de 6 a 7 y robos de 12 mil 656 a 12 mil 899. Con excepción del secuestro, el incremento se mantuvo de enero-mayo del presente año. Además, poco sabemos de la gestión de las autoridades, pues los criterios de evaluación del sistema nacional no contienen indicadores al respecto y los pocos que hay tienen rezago, algunos con cifras del 2010 como último registro.

En 2012, en Querétaro hubo cuatro mil 186 procesados, de los que fueron sentenciados dos mil 332, pero no hay datos acerca de la conclusión judicial que tuvo el resto; o bien, datos de las averiguaciones iniciadas que den cuenta pública de cuántas llegaron a los tribunales, en cuántas no existió delito o las que el fiscal acordó en reserva (resolución jurídica que implica que un delito se archiva temporalmente al no haber datos suficientes para su conclusión; archivo, con frecuencia, de olvido definitivo). Sin contar que no hay información sobre el cumplimiento de los derechos de la víctima o si los operativos dieron resultados, entre otros aspectos relevantes.

Para evaluar la seguridad, con aproximación cierta a la realidad al menos debemos considerar: la percepción, las cifras globales y sobre todo, el análisis del trabajo institucional. Saber las tres dimensiones, da tranquilidad y motivaría las correcciones necesarias, de otro modo, nos podemos acostumbrar a la suspicaz conciencia de no ver lo que realmente pasa.

Especialista en seguridad y ex procurador general de Justicia

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