Se juega con las mismas cartas, cambian jugadores

Héctor Para Rodríguez

En Querétaro nos hemos acostumbrado a los resultados electorales inesperados. Desde que el PRI perdió por primera ocasión en 1994, nada ha vuelto a ser igual. Desde aquellos ayeres solo juegan dos y el resto de los jugadores meros acompañantes y “mirones”.

La alternancia llegó para quedarse y los electores —“mirones”— saben bien del juego democrático; premian o castigan, según sus apreciaciones o preferencias, ciertas o falsas, al final son quienes deciden con el sufragio,que convertido en voto se cuenta para acreditar triunfos y derrotas de los “ludópatas” de la política.

Las cartas son las mismas, solo cambian de vez en vez los jugadores. Unos se van para no regresar, aquellos aventureros que, o ganaron y se van con las bolsas llenas, o perdieron y no quieren volver a intentar otro juego. Se alejan de la “ludopatía” de la política. Algunos ludópatas buscan su rehabilitación fuera de la casa del juego, en donde las reglas que imperan, son precisamente la inexistencia de reglas. Si no se rehabilitan regresan abierta o furtivamente.

Inexpertos jugadores, a pesar de que pierden, vuelve a intentarlo; al menos se llevan premios de consolación para que regresen al juego una vez abierta otra temporada. Y los “ganones” no se levantan de la mesa, es más no quieren perder el lugar; y es que, en veces pierden, en veces ganan, así que siempre están dispuestos a la revancha. Los premios lo valen: “El ejercicio del poder gubernamental”.

Hace 6 años nadie hubiera imaginado que el equipo del PAN perdería el juego y lo perdió. En esta campaña todo parecía indicar que el PRI conservaría el triunfo —gobierno del Estado— y perdió; no así el juego de la presidencia municipal de la capital, en la que el experimentado contrincante del PAN, se sentó en la mesa muchos meses antes y no se levantó hasta ganar.

Lo más valioso del juego a las cartas ha sido que: “Querétaro ha seguido adelante a pesar de triunfos de algunos jugadores perversos y mediocres”. Los colores que representan siguen vigentes, solo cambian jugadores, no todos; los persistentes vuelven y vuelven a repetir, saben las reglas del juego; sí, que no hay reglas y eso les permite permanecer. Familias enteras se apoderan de todo lo que pueden y no dejan jugar a otros.

Un aspecto importante que podemos considerar en esta ocasión, es el privilegio de una regla legal, no política. Por primera ocasión, en el siguiente juego —elección—, todos los ganadores tienen mano, consiguieron el derecho a participar y ganar otros tres años más hasta acumular ¡12 años! Sí, aquellos que lograron ganar el juego para la Legislatura; los ganadores a las presidencias municipales podrán participar en automático por un periodo más. El sistema premia la “ludopatía” de la política.

A partir del 25 de septiembre veremos viejos y nuevos jugadores, con los mismos uniformes en la LVIII Legislatura; cambiaron pesos y contrapesos; lo novedoso serán los nuevos incorporados al juego, aunque unos de ellos se integraron con jugadores de otro equipo, vestirán uniforme distinto —Morenos—.

El 1° de octubre, en Palacio de Gobierno y las 18 presidencias municipales estarán ingresando jugadores que lograron la simpatía de los “mirones” —electores—, aquellos que deciden quién juega o quién no juega; pero, los “mirones” del juego no participan en el juego, si acaso en una sola ocasión, cuando deciden por mayoría simple quién se queda y quién se debe levantar de la mesa porque no les gustó como jugaron; pierden la oportunidad de gozar del triunfo: “El poder”.

El juego es apasionante desde un inicio, cuando al interior de los equipos, pretenden seleccionar a las y los “mejores”. Algunos jugadores logran cautivar a los entrenadores para entrar a pesar de lo inexpertos que puedan ser. Abierta la temporada para el siguiente juego, las historias se repiten; “ludópatas” van, “ludópatas” llegan, las cartas siguen siendo las mismas. El juego de la democracia es adictivo para unos, la mayoría de los “mirones” —electores— son jurado, quien decide quién gana y quién pierde; y así sucesivamente hasta la siguiente temporada.

Analista legislativo @HectorParraRgz

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