25/05/2020
09:24
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Tarde o temprano saldremos de nuestras casas y volveremos a la calle. Sin embargo, la necesidad de distanciamiento físico –para evitar graves problemas de salud pública–, y el enorme reto que nos plantea el cambio climático, nos exigen repensar el espacio público. No podemos volver al pasado –un pasado de aglomeraciones y contaminación– si queremos ver con esperanza el futuro.

La ciudad de Querétaro, antes de la pandemia, tenía un grave problema de tráfico vehicular. A pesar de los esfuerzos realizados en la administración que encabecé y en la presente administración por impulsar el transporte escolar gratuito y el uso de la bicicleta, el desparramamiento de la ciudad y el profundo arraigo del coche particular siguen dominando la escena urbana.

La llegada de esta inesperada pandemia ha venido a movernos el tapete, tanto en Querétaro como en el mundo. Muchas cosas que no queríamos ver han salido a la luz, y muchas otras que habíamos olvidado han vuelto a brillar. Entre estas últimas se puede contar la paz de nuestras calles. Querétaro se siente tranquilo, el cielo está limpio y la ciudad no nos pesa.

Sería lamentable que una vez terminado el confinamiento todo vuelva a ser como antes: tráfico, contaminación y estrés. Sería lamentable que desperdiciemos esta oportunidad histórica –que ha venido acompañada de un gran sufrimiento–, y no seamos capaces de repensar la forma de vivir nuestra ciudad: una forma más limpia, saludable y libre.

En otros lugares del mundo ya lo están haciendo. A pesar del drama de la pandemia, ciudades como Milán, París, Barcelona y Londres han aprovechado la coyuntura para emprender profundos cambios en la estructura del espacio público. Han comenzado a restringir, e incluso eliminar, el uso del coche particular, para apostar todo por la movilidad a pie y, sobre todo, en bicicleta.

En palabras del alcalde de Londres: “Si queremos que el transporte sea seguro y mantener a Londres competitivo a nivel mundial, entonces no tenemos más remedio que reutilizar rápidamente las calles para la gente. [Para lograrlo] grandes áreas de Londres estarán cerradas a automóviles y camionetas, y así permitir a las personas caminar y andar en bicicleta de manera segura. […] Al asegurarnos de que la recuperación de nuestra ciudad sea sustentable para el ambiente, también abordaremos nuestro aire tóxico, que es vital para asegurarnos de no reemplazar una crisis de salud pública por otra.” 

La famosa alcaldesa de París, Anne Hidalgo, también tiene un plan contundente para aumentar la movilidad peatonal y ciclista. En una reciente reunión con sus concejales municipales, Hidalgo anunció la propuesta de mantener las medidas que restringen el uso de vehículos de motor en la ciudad de París –introducidas como medidas de contención de la pandemia–, convirtiendo estas restricciones en nuevos instrumentos para combatir la contaminación y la congestión en la capital Francesa.

Y no solo los líderes mundiales han aprovechado este fenómeno para repensar la ciudad. Los ciudadanos también. Mientras la venta de automóviles cae en todo el mundo, la venta de bicicletas ha aumentado de una forma exponencial. En Nueva York y Chicago la venta ha aumentado 50%, en Francia, España e Italia entre 60% y 70%. Incluso en el vecino país de Costa Rica, la venta de bicicletas ha aumentado 50%.

Nuestro país no puede ser la excepción. Sin embargo, hemos visto con una mezcla de estupor y frustración cómo el gobierno federal va en la dirección contraria.

Mientras el mundo entiende que no hay tiempo que perder en el camino de la sostenibilidad, nuestro presidente y su gobierno han aprovechado la pandemia para reforzar un modelo que destruye nuestro aire, nuestros mares y nuestro suelo.

En Querétaro tenemos la oportunidad de estar del lado correcto de la historia. Solo es cuestión de volver a vivir en los lugares donde caminando se accede a todo; de consumir productos locales; de reciclar y cuidar a la naturaleza; de que una vez terminado el confinamiento, no volvamos a un pasado de tráfico y contaminación, sino a un futuro limpio y en paz. 

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