25/01/2013
12:48
-A +A

Cada inicio de gobierno comienza también un periodo propicio para el cambio en las leyes y en las políticas públicas. Esta vez, a la luz del Pacto por México, firmado por las principales fuerzas políticas del país, se tiene por fin la oportunidad de hacer efectiva esa inercia.

Ayer en el Senado se hizo circular un documento en que se proponen ejes a seguir para reformar la ley o inlcuso la Constitución: Código Penal único, reforma energética, reforma política, reforma en telecomunicaciones, entre otras.

Durante todo el periodo democrático de México muchas reformas indispensables han sido congeladas, presas de los cálculos políticos. La fiscal, por ejemplo: todas las fuerzas parlamentarias coinciden año tras año en la urgencia de realizarla, y sin embargo, la recaudación apenas si ha aumentado con fórmulas tímidas en algunos casos y gastadas en otros. Esa cortedad de miras ha mantenido al país como el de peor en recaudación en el continente. En varios casos, como lo fue la reforma política o la energética, analizadas en las últimas dos Legislaturas, ambiciosos proyectos terminaron en cambios que dejaron insatisfechos incluso a los sectores en teoría beneficiados.

El país ha sorteado, no sin dificultades, la ausencia de cambios de gran calado. Sin embargo, cada vez lo hace con mayor dificultad. Se llega a un punto de agotamiento ya en temas como la sustentabilidad del gasto social —principalmente en el ramo de las pensiones—; la viabilidad financiera de Pemex, o la prevalencia de monopolios.

 

La voluntad ha probado ser insuficiente. Cada una de las principales fuerzas políticas ha dado paso a iniciativas que después se enfrentan al encono o rechazo de sus contrapartes. Para evitar ese círculo vicioso los partidos tendrán que cuidar las formas. Acordar con sus colegas los detalles de las minutas, por ejemplo, antes de asumir que sus adversarios deben asumir esos posicionamientos como propios.

El Pacto por México no fuerza al pensamiento único o a la obediencia de nadie frente a lo que proponga el Presidente de la República. Al contrario, el documento tiene como fin que todos los actores se comprometan a respetar los fines que dicen compartir. La clave será ahora ceñirse a las reglas de toda negociación: ceder para obtener. Las posiciones absolutas asumidas en años previos han llevado no sólo a la inacción, sino además al cierre de espacios de diálogo. Cuando esto sucede no hay democracia posible. Los ciudadanos son quienes más pierden.

Tocará a las bancadas definir prioridades. Lo inaceptable es que de nuevo pretexten los partidos “falta de condiciones” para transformar al país.

EL UNIVERSAL nació el 1 de octubre de 1916 a iniciativa del ingeniero Félix Fulgencio Palavicini, quien formaba parte del Congreso Constituyente de Querétaro. El Gran Diario de México avanza y se fortalece pensando siempre en servir a sus lectores en este siglo XXI.

Comentarios