Prevenir es actuar

Lucía Quiroga

¿Qué tienen en común la buena alimentación y la salud financiera? Ese fue el tema de una de las conferencias que impartí en el marco de la Semana Nacional de Educación Financiera 2021, organizada por la Condusef del 4 al 15 de octubre, y que representa el evento más importante de educación financiera del país.

Y quisiera retomarla porque me parece realmente importante que cada vez tomemos más conciencia de lo necesario que son los buenos hábitos en nuestra vida; ya que pareciera que nos encanta auto sabotearnos y hacemos todo menos lo que deberíamos hacer para estar bien.

En México, de acuerdo con la Condusef, sólo tres de cada 10 personas cuentan con nociones de educación financiera. Pero, por ejemplo, en el caso de las mujeres, el 92.7% no ha tomado un curso financiero.

Con esto podemos ver que no sólo no tenemos los conocimientos que nos ayuden a tener salud financiera, sino que, pese a las múltiples opciones que ahora hay para aprender al respecto, parece no haber interés en el tema.

Lo mismo sucede con otra de las grandes problemáticas de nuestro país. De acuerdo con la OCDE, México está en primer lugar en la región en temas de sobrepeso y obesidad.

Y por si fuera poco, durante el tiempo de pandemia, de acuerdo con el estudio “Actions & Interventions for Weightloss” desarrollado por Ipsos, arrojó que mientras el promedio mundial de aumento de peso durante la pandemia es de 6.1 kilos, en México la cifra se dispara a 8.5 kilos, quedando en el nada honroso primer lugar.

A pesar de esto, tanto la falta de educación financiera como de buenos hábitos alimenticios, los mexicanos no tomamos cartas en el asunto para romper esos círculos viciosos y velar por nuestro bienestar.

Ponernos a dieta, por ejemplo, nos cuesta tanto como comenzar a ahorrar. Postergamos y buscamos pretexto tras pretexto para no iniciar. “Empiezo el lunes” dirían algunos.

¿Qué necesitamos para hacer conciencia y cambiar los hábitos que nos perjudican por aquellos que nos dan bienestar?

Mejorar nuestros hábitos alimenticios nos ayudarían no sólo a bajar o mantener nuestro peso, sino a evitar enfermedades, a hacernos menos vulnerables, y además nos hará tener alta autoestima, seguridad, entre muchas otras cosas.

Mejorar nuestros hábitos financieros nos llevará a evitar estrés, tener tranquilidad mental, pensar en el futuro, seguridad, y alcanzar bienestar personal y familiar.

Es momento de elegir qué tipo de persona queremos ser, si aquella que se truena los dedos cuando llega la quincena o que sufre consecuencias de salud por sobrepeso.  O aquella que vive tranquila, toma decisiones económicas acertadas y está sana y feliz.

Las malas decisiones cobran factura tarde o temprano.

Recordemos que para que una dieta sea exitosa tiene que haber convicción de hacerla, tener metas claras, compromiso con uno mismo (nadie más se verá beneficiado), seguimiento, constancia, y poco a poco ir convirtiendo esto en un hábito, parte de nuestro estilo de vida.

Lo mismo pasa cuando empezamos a ahorrar, el tener claro una meta nos permitirá llegar a ella con mayor firmeza, y el seguimiento, constancia y compromiso también serán claves para lograrlo.

Dejemos de postergar nuestro bienestar. Hoy el refrán de “más vale prevenir que lamentar” cobra otra dimensión.  Por lo tanto, es importante blindar nuestra salud física, emocional y financiera. Modifiquemos nuestros hábitos y gocemos de los resultados. Recordemos que prevenir es actuar, y tú ¿qué estás haciendo por ti? 

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