16 / septiembre / 2021 | 20:13 hrs.

Pandemonium

Ana Rincón Gallardo

Pasan los días y mi estupor es cada vez mayor al confrontar la realidad con el discurso mareador de todos los partidos en una carrera desbocada en pos del voto. Incluso en el hermoso Querétaro, a pesar de no tener elecciones este año, la gallera está alborotada y ávida de sangre.

Lo ocurrido el domingo pasado, durante el desfile del 1° de mayo, nos debe mover a todos a la reflexión. Querétaro ya no es el mismo. No basta con los discursos cursilones o las diatribas políticas contra los supuestos enemigos de la sociedad y las buenas costumbres. Ahora, la sociedad puede saber casi instantáneamente lo que ocurre hasta el último confín del planeta, comparando lo que sucede en nuestro terruño y lo que sucede en el resto del mundo. Del mismo modo, los excesos, dislates o torpezas de los actores políticos y sociales son revelados ante el público en general con tan sólo hacer un clic desde el ordenador o teléfono celular.

El domingo quedó en claro que la estructura del gobierno estatal tiene una falla estructural que amenaza su estabilidad. Una falla que es evidente y que si no se corrige con premura puede causar daños de consideración que no sólo hacen peligrar al gobierno y a sus gobernados.

Veo una sociedad peligrosamente crispada ante la conducta de sus autoridades, sean estas federales, estatales o municipales, que no las escuchan y son ajenas a su situación. Ante la población que tiene que enfrentar todos los días a una delincuencia rampante, los funcionarios minimizan el problema, mientras salen a la calle rodeados de guaruras; en tanto, los ciudadanos se truenan los dedos para ver cómo dan de comer a sus hijos. Los primeros salen en las redes sociales con sus familias, ostentando una vida de reyes, en medio de fiestas, viajes y artículos de lujo.

Para el ciudadano de a pie sólo hay aumento de impuestos, restricciones y miles de trámites que le hacen la vida imposible. Los servicios que presta el gobierno deberían estar acorde con los impuestos que nos quitan, vía impuesto sobre la renta o al consumo. Los servicios de salud y educación son de dudosa calidad, ya ni hablar de la administración de justicia, que es todo menos pronta y expedita. El nivel de competencia y/o actualización de algunos funcionarios también deja mucho que desear, de ello fuimos testigos el domingo pasado.

La arrogancia y falta de diálogo enardecen a la población que cada vez cree menos en los partidos y le hace más caso a sus bolsillos. Lo preocupante es que la ira sólo ve viable el camino de la violencia, creándose así una espiral de más violencia, destrucción y transgresión de derechos humanos.

Es cierto que había personas infiltradas en la manifestación, personajes de todos conocidos y que han hecho sus fortunas explotando la pobreza de los queretanos, pero para explicar lo sucedido el domingo, no basta señalar a los rijosos. Por supuesto que buscan desestabilizar, que esa ha sido su forma de actuar, que exprimen a todos aquellos que “ayudan”, pero el fenómeno tiene muchas más aristas que considerar.

El reclamo de muchos es legítimo. No todos los manifestantes fueron acarreados y están preocupados por la permanencia en sus trabajos. Me inquieta el endurecimiento de las posturas de unos y otros, la belicosidad no llega nunca a buen puerto, dando pretexto a las autoridades para caer en la tentación de encontrar a un chivo expiatorio y proceder a la represión, lo que generaría más violencia y disturbios.

Analista polí[email protected]

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