28 / julio / 2021 | 14:43 hrs.

Pandemia humana

Arnoldo Kraus

Los refranes populares resumen en pocas palabras años de vida: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Ignoro quién acuñó la máxima y desde cuándo se repite. No desconozco, en cambio, la poca sensibilidad de nuestra especie. Con frecuencia me cuestiono y cuestiono los beneficios del progreso. Avanzamos y retrocedemos. Ambas ideas son reales. Teniendo en cuenta el progreso acumulado, retroceder debería ser un fenómeno poco frecuente y poco nocivo.

Las pandemias, como la del coronavirus que ahora nos tiene sometidos, y la humana, la cual es parte de nuestra arquitectura y añeja realidad, muestran cuan torpe es nuestra especie. Así es la condición humana: construye, destruye, siembra, arrasa. En tiempos de pandemias, virales y humanas, reflexionar sobre nosotros y los otros es obligatorio. En 1962 Erich Fromm intituló uno de sus libros, ¿Podrá sobrevivir el hombre? Hasta ahora, pese al hombre mismo lo hemos logrado. ¿Se modificarán las prioridades humanas cuando finalicé la pandemia producida por el Covid-19?

Las tragedias deberían servir. Hasta ahora no se sabe el origen preciso del “nuevo” coronavirus. Tanto la ciencia como la sabiduría popular apuestan en la misma dirección. El ser humano ha modificado ad nauseam el equilibrio ecológico. El fino y sabio balance de la Naturaleza, sin obviar los ciclos propios de ella, se ha roto. Las intervenciones humanas no son gratuitas. La distancia entre catástrofe y calamidad es inmensa.

El término catástrofe se utiliza para designar “la desgracia, el desastre o la miseria provocadas por causas que escapan al control humano”. Ciclones, maremotos y temblores son parte de la vida de la Tierra. Calamidad denota “aquella desgracia, desastre o miseria que resulta de acciones humanas intencionales”. Si aceptamos que la tala desmedida de árboles, la contaminación de mares y ríos, la invasión de cemento en áreas otrora naturales y privilegiadas y la infección del aire es voluntaria, es dable concluir que el ser humano derruye en busca de sus beneficios económicos sin importar cuánto destruye y sin cavilar con las generaciones venideras y con laTierra.

Las piedras con las que tropieza el hombre son los hombres. Removerlas no es fácil. Cada vez somos más seres humanos, y somos menos. Los más, los privilegiados, son aquellos cuya calidad de vida se debe al progreso: tecnología ilimitada, medicamentos nuevos y eficaces, alimentos saludables y un largo etcétera.

Si los depredadores humanos tuviesen una mínima ética, quizás, escribo quizás, la pandemia del COVID-19 no existiría. De la que no escaparíamos, a pesar del “progreso” y del conocimiento es de la viremia humana. Si seguimos tropezando…

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