Otros Universos. Parte IV. Final. El Betún | Querétaro

Otros Universos. Parte IV. Final. El Betún

Jorge Gutiérrez de Velasco

El betún que lo recubre incorpora lo últi-mo en tecnología de longevidad...

En otro momento hubiera reclamado, pero en esta ocasión, que aterrizaba pasadas las cinco de la mañana, solo estiré la muñeca para que la lectura del bioelectrotautaje de identidad no fallara esta vez. Mi equipaje estaba por imprimirse en la banda siete del aeropuerto Schiphol y los tres avatares que había dejado en el trabajo en México, en el despacho de diseño automotriz en Milán y en el campeonato internacional de diseño de aplicaciones en San Salvador, empezaban a mandarme notificaciones; la sincronización de mi cartera digital funcionaba a la perfección -tenía ya casi una década-, entre cobros, pagos y el manejo de mis inversiones digitales, compra venta de más propiedades en diferentes metaversos, y el sponsoring de nuevos proyectos con NFTs, se ha vuelto tan cotidiano como pedir un taxi solo con pensarlo, para que los diferentes algoritmos, conectividad corporal e internet 7.0 hagan su “magia” facilitando la gestión cotidiana de la vida.

Su reserva esta lista señor -responde una voz detrás del mostrador-. Sigo sin acostumbrarme a los “asistentes virtuales”, que hoy se encuentran en casi todos lados y en cualquier tipo de servicio hacia los humanos y avatares; el solo escuchar o ver una pantalla que me habla en inglés casi perfecto, el tono “inhumano” tecnológico es por demás imperceptible.

Nuevamente acerco mi muñeca para que el cargo se aplique y de inmediato sea reconocido por la institución no centralizada que transfiere los recursos para respaldar el hospedaje. Subo solo al piso 13 de un edificio de 147 niveles, que cuenta con varios cientos más de niveles en su metaverso que replica diferentes ambientes y lugares en este mundo y en otros de la galaxia, misma que se puede visitar virtualmente desde este mismo hotel. Ingreso a la habitación con mobiliario futurista en exceso tecnológico -todo se conecta y convive en la nube y los diferentes metaversos que se hayan reservado o se piensen visitar y tomo las gafas que me sumergen en la realidad de la habitación con espacios increíbles duchas ultrasónicas y confort inimaginable. Mi equipaje arriba desde el sótano que fue enviado por el aeropuerto en un transporte diferente al mío y descubro con agrado que se encuentra no solo intacto, sino que me han ganado un upgrade para mi próximo viaje. 

No hay televisión en la habitación, los mismos lentes me llevan al canal que estoy pensando, así como confirman la comida que ordené con anticipación desde hace semanas. La comida rápida no existe más -el gran orden mundial ha determinado que la salud y longevidad de la humanidad son prioridad- salvo en este hotel considerado “old fashion” puesto que aún ofrece algunos servicios de antaño entre ellos la comida rápida que aún se prepara a mano -no se imprime como en casi todos los sitios-. La primera mordida de la hamburguesa es espectacular, los aros de cebolla y los pepinillos me remontan a los 80’s, el trago de cerveza artesanal se parece mucho a las de antaño y el postre, ese si es toda una aventura puesto que el betún que lo recubre incorpora lo último en tecnología de longevidad, reordenamiento genético y atención temprana de esas enfermedades que aún no tengo y que no sé si tendré, pero de alguna manera la “nube” anticipa que las sufriré. Que raro que sea con el betún, con el que vuelvo a la realidad, con el que descubro que esos otros universos están mucho más cerca de lo que uno cree. 

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