19 / septiembre / 2021 | 17:05 hrs.

Obstáculos y atajos

Ana Rincón Gallardo

El domingo se llevaron a cabo sendas marchas por todo el país con el fin de erradicar la violencia de género. Creo que la justicia es algo inalcanzable para la mayoría de las mujeres, aun para aquellas que pueden pagar un abogado. A continuación las historias de dos niñas con desarrollos muy diferentes.

La pequeña “S” ha sufrido lo indecible desde antes de nacer. Su padre, un sindicalista de baja estofa y con aires de grandeza, abusaba de su madre y la violentaba de todas las formas posibles, asegurándole que por ser miembro de la CTM podía hacer lo que le vinera en gana. Después de vivir en el infierno, y aguantarle sus infidelidades, se separaron, a pesar de que la madre estaba embarazada de la pequeña.

Él le aseguró que sólo se divorciarían si lo hacían a su manera, así que la señora y sus hijos se quedaron con lo puesto y con una pensión de mil pesos al mes. Él la acosaba constantemente, por sus influencias logró que la despidieran de su trabajo y que nadie más la contratara. Después, con la ayuda del DIF, le quitó a sus hijos y la obligó a darle pensión, aduciendo que como era pobre tenía que dejar que los niños vivieran con el padre, o la meterían a la cárcel.

En casa del padre, abundaron los insultos y los golpes. Una noche corrió al mayor y jamás se volvió a preocupar por él. Dos años después, la madre descubrió que la niña había sido golpeada y acudió al Ministerio Público a denunciar la agresión. Ha pasado casi un año y apenas se va a consignar al agresor. En juzgados, estamos acabando el periodo de pruebas y el sujeto no ha dejado de mentir una y otra vez, interponiendo cuanto recurso puede con tal de fastidiar a mi cliente en perjuicio de su hija.

Por otro lado, tenemos a “J”, una joven problemática de 12 años, perteneciente a una familia disfuncional. La madre, quien sigue casada con el padre de sus hijos mayores, tuvo un amante casado con quien tuvo a “J”, y viviendo con el segundo, se embarazó de un jovencito menor de edad, a quien sedujo y pensó atrapar con la bebé “I”. La mujer es casi dos décadas mayor que su joven ex pareja y la hija de ambos tiene ahora cuatro años.

Un día, la familia paterna de “I” descubrió que “J” sodomizaba a su hermanita menor. Informaron a la madre, quien, molesta, discurrió inventar una supuesta agresión del padrastro a su hija con tal de librarse de éste y su familia.

Al leer el expediente, encuentro muchas imprecisiones que hacen que las cosas —tal como las contó la chica— sean materialmente imposibles. También sorprende que de la nada y en tiempo récord aparecieran tres patrullas dispuestas a buscar al “agresor”, a quien sacaron con lujo de violencia de su trabajo y esposaron para presentarlo al MP. Lo que implicaría una eficiencia digna de Suiza.

Lo cierto es que la madre cuenta con el apoyo de un “comandante Agustín” de la policía municipal, quien está ahí para obedecer ciegamente a su inquieta amiga, pasándose por el arco del triunfo la normativa. Dentro del expediente ante el juzgado familiar, el Desarrollo Integral de la Famila (DIF) defiende a la señora sin haber investigado lo que ocurre a fondo, incluso, entre los hechos que narran hay delitos imputables a su defendida.

Estas historias son lamentables y nos demuestran que hay ciudadanos de primera y de segunda. Aparentemente, las instituciones no están al servicio de la gente que lo necesita, sino de los poderosos o con labia.

¿Será que más vale un amigo gorila en la policía que el amparo de la ley y sus instituciones?

Analista polí[email protected]

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