Mujeres en el gabinete y el camino hacia 2024

Mario Maldonado

Quienes conocen la historia familiar de Andrés Manuel López Obrador cuentan que el Presidente siempre se ha tomado el tiempo para hablar de ‘Doña Manuelita’, su madre, quien marcó su vida personal y, para muchos, también su vida política, al grado de que se rodea en su gobierno de mujeres que guardan algunas de sus características. Ejemplos hay muchos, pero algunas de las más representativas son Rocío Nahle, Raquel Buenrostro, Rosa Icela Rodríguez, Thalía Lagunas y ahora Ariadna Montiel.

Ninguna de ellas es personaje de relleno en el gabinete. Todas encabezan carteras trascendentes y prioritarias para el proyecto de gobierno del Presidente y su autollamada Cuarta Transformación: la definición de la política energética, la recaudación fiscal, la llamada pacificación del país, las compras de gobierno y, a partir de esta semana, la distribución de los apoyos sociales, o mejor dicho, de los recursos para la operación electoral.

La designación de Ariadna Montiel como secretaria del Bienestar tiene como objetivo fortalecer el control en la distribución de recursos y maximizar resultados.

Montiel ya era la operadora del Presidente en Bienestar, cuando un ausente y débil secretario Javier May trataba de tomar los hilos de su dependencia y entender los pormenores de la administración pública. En su nuevo puesto, en Fonatur, May no necesitará entender mucho de inversiones o de infraestructura turística, pues las decisiones para proyectos como el del Tren Maya las tomará el Ejército.

Mientras tanto, la nueva secretaria tiene la encomienda de hacer que los programas sociales se traduzcan en apoyos para la 4T en los comicios venideros, una habilidad que ya ha demostrado a López Obrador desde que trabajó en el gobierno del Distrito Federal, cuando éste se desempeñó como jefe de Gobierno y ella operaba de la mano de René Bejarano.

Para lograrlo, Montiel hará mancuerna con otra mujer en la que el Presidente confía desde la jefatura de gobierno: María del Rocío García Pérez, que hasta esta semana se desempeñó como presidenta del DIF Nacional y pasará a la subsecretaría de Bienestar.

Los enroques confirman que en el gobierno de AMLO los cargos más importantes en materia de administración son para mujeres, porque en la idiosincrasia del Presidente –y así lo ha expresado abiertamente– son las que “cuidan mejor la casa” y “los dineros”; tanto así, que mandó a Victoria Rodríguez a convertirse en la primera mujer que gobernará el Banco de México, aun cuando no cumplía con los requisitos.

No ocurre así para cargos en los que se hace puramente política. Esas tareas son para los hombres. La otrora titular de Segob, Olga Sánchez Cordero, acusó a su salida de la Secretaría de Gobernación la discriminación en los años que se hizo cargo de esa cartera.

Esta cadena de nombramientos arrojan más luz sobre la apuesta que el Presidente hará para 2024, cuando tendrá que decidir cuál es el tipo de administración que deberá cuidar su legado, y la respuesta se encuentra en Claudia Sheinbaum, el perfil que seguramente será llamado a administrar una segunda etapa de la autollamada Cuarta Transformación. Con ello, López Obrador podría pasar a la historia como un presidente feminista, cuando pretende imponer un matriarcado.

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