Muerte de la democracia (I)

25/03/2020
04:30
-A +A

En 1995, en algún evento académico internacional, Henry Kissinger me obsequió su tarjeta y dedicó de su puño y letra su obra: “La Diplomacia”, en donde nombra su primer capítulo “El nuevo orden mundial” e inicia: “Casi como por efecto de una ley natural, en cada siglo parecer surgir un país con el poderío, la voluntad y el ímpetu intelectual y moral necesarios para modificar todo el sistema internacional, de acuerdo a sus propios valores”. Resulta fácil coincidir con lo anterior; empero, respecto de desgastado concepto de democracia ante el enfrentamiento económico, social e ideológico de EE UU. China y Rusia, sin olvidarnos de la situación actual de Latino América, observamos la urgente necesidad de un nuevo orden mundial y por ende, ante una nueva forma en la cual, separando economía, política y autodeterminación del hombre (género) tengamos un nuevo pacto social (¡Adiós Montesquieu!); desde luego con la modificación de los históricos conceptos de división de poderes y demás temas jurídicos y sociales. La expresión nuevo orden mundial se encuentra alejada de la frase inserta al reverso del billete de un dólar americano y bastante más retirada de Los Illuminati, Masonería y de cualquier religión del orbe. Según Gino Germani: “La crisis actual no es la expresión del destino inevitable de la especie humana; por el contrario, es una crisis de crecimiento, es el resultado de la progresiva liberación de sus inmensas potencialidades materiales y psíquicas; el hombre se halla en el umbral de un mundo nuevo, un mundo lleno de infinitas e imprevisibles posibilidades; pero está también al borde de una catástrofe total. La decisión está en sus manos; en su capacidad de comprender racionalmente y de dirigir según sus designios los procesos sociales que se desarrollan a su alrededor”. La Historia en general, se divide para su estudio en épocas: La edad de piedra, la edad media, el renacimiento, la ilustración y así sucesivamente, empero, no podemos determinar con precisión la fecha de inicio y final de cada una de ellas y, por lo tanto, la pregunta es: ¿Qué etapa o época estamos viviendo en la actualidad? Algunos con ligera facilidad contestarán que hoy en día es la época de la informática, robótica, la digital o hasta espacial; empero si retomamos el concepto tradicional de democracia, con facilidad notaremos que la definición clásica de que ésta es: “El gobierno del pueblo y para el pueblo”, hoy en día es un concepto inaplicable por ser falso. Sobre el tema, ha corrido mucha tinta (y sangre) y se han escrito infinidad de obras, llegando a la conclusión, que, sostienen en esencia, pero con variables, la antiquísima definición. Así, desde los griegos, romanos, jusnaturalistas, Maquiavelo, Bodino, Hobbes, Milton, Locke, Hume Hobbes, Hegel y otros, hasta llegar a Walter James Shepard y Norberto Bobbio quien en su obra: “Democracia y secreto”, afirma que “debajo del gobierno visible existe otro que actúa en las sombras, o peor aún: en completa oscuridad. Se trata de un poder invisible que puede actuar junto con el Estado, a veces en sintonía –cuando promueve decisiones vinculantes para todos los ciudadanos–, a veces en oposición –cuando busca eludir o violar con impunidad las leyes–, reflexiona acerca de este reto fundamental de la democracia y la gobernabilidad: quién y con qué fin promueve las formas de poder oculto e insiste en la inaplazable necesidad de que el Estado encamine sus acciones a un control democrático; hasta llegar a tiempos más recientes a Robert Alan Dahl y George H. Sabine, el concepto democracia, se ha corroído y perdido en un mar de ideas; es decir, los arcana imperii (Término utilizado por Tácito para referirse a los secretos de estado y a los actos inexplicables del gobierno imperial romano). (v. gr. El magnicidio de Luis Donaldo Colosio)

Nada nuevo bajo el sol. Ante el fracaso de la Revolución Francesa, y a cinco años de muerto Hegel, Karl Marx a sus 18 años, ingresa a la Universidad de Berlín, en la etapa en que Alemania se encontraba herida en su orgullo nacional por la invasión napoleónica y los filósofos alemanes se vieron estimulados a pensar en sentido opuesto al racionalismo francés. ¿Qué hizo tan popular el complejo sistema hegeliano? ¿Por qué había fracasado la Revolución Francesa? ¿Por qué, habiendo tenido éxito la toma violenta del poder, el gran esfuerzo en bien de la libertad, igualdad y fraternidad falló desastrosamente en el logro de su meta?  Ese fracaso desilusionó a muchos que, apáticamente y cínicos, concluían que el hombre era impotente ante las fuerzas del mal, que la humanidad estaba incapacitada para mejorar mediante su propio esfuerzo. (Continuará).

Desde luego [email protected] [email protected], usted tiene una mejor impresión.

 

Especialista en Derecho del Trabajo. [email protected].

 

 

 

Especialista en Derecho del Trabajo y Seguridad Social
Correo electrónico: [email protected]

 

 

Comentarios