Miedo a la Navidad | Querétaro

Miedo a la Navidad

Mónica Silva Olvera

Sí, tengo que aceptarlo, la Navidad se vuelve un tema de temor e intranquilidad para mí, ¿por qué? Pues porque es la temporada en que mis pacientes pierden todo el camino ganado con tanto esfuerzo durante el año.

Sí, tengo que aceptarlo, la Navidad se vuelve un tema de temor e intranquilidad para mí, ¿por qué? Pues porque es la temporada en que mis pacientes pierden todo el camino ganado con tanto esfuerzo durante el año.

¿Cómo? Sencillo, a quienes viven con diabetes se les hace fácil concederse permisos para tomar ponche, comer buñuelos con almíbar de piloncillo, caramelos de menta, pastel de Navidad o churros con chocolate. También comen los trozos de caña que vienen en el ponche o aumentan su consumo de dátiles, turrones, orejones y frutas deshidratadas.  Todos estos alimentos hacen que su glucosa suba a niveles muy peligrosos, y no se requieren muchos días, con un solo festejo es suficiente para que se descompensen demasiado.

Para mis pacientes en control de peso, es cuando dejan de cuidar porciones y combinaciones de alimentos, entonces caen en el consumo de pambazos, enchiladas queretanas,  churros rellenos o  buñuelos, o comen  tamales con atole o muchos chocolates y postres. ¿El resultado? Recuperar de 1 a 6 kilos en tan sólo el mes de diciembre, sin contar la rosca de Reyes o los tamales de la Candelaria.

Hay quienes tienen hipertensión, y aún así deciden brindar en cada posada, cena o comida de fin de año, seguramente consumirán refrescos con gas, bebidas alcohólicas y agua mineral. Y no sólo pedirán una bebida, pueden consumir hasta 4 vasos entre refrescos y algunas mezclas, y no estamos contando aquellos que toman más cerveza de lo habitual por ir a la feria ganadera de Querétaro, o por acompañar a su compadre con “la última y nos vamos”.  ¿Qué pasa con estos pacientes? Se altera su presión, sufren taquicardias, como también suben de peso, presentan problemas respiratorios para dormir y al final, hay quienes terminan en la consulta del cardiólogo para lograr un ajuste a tanto exceso.

Ni qué decir de los niños, que comen todos los dulces que en el año habíamos logrado que dejaran de pedir; entre las piñatas, los aguinaldos, los regalitos al pedir posada, y las comidas abundantes en cada festejo. 

Los peques no tienen forma de identificar su momento de saciedad y siguen comiendo y comiendo sin control… y sin hambre. Y así, entre kilos de más, niveles altos de colesterol, triglicéridos, glucosa y presión arterial, estas fiestas pueden convertirse en un pesar para muchos mexicanos, entre ellos varios de mis pacientes. No me queda más que darles las siguientes recomendaciones: 

  • Consumir solamente las porciones adecuadas.
  • No excederse en cada festejo.
  • Evitar las bebidas endulzadas
  • Seguir con su plan de alimentación antes o después de un festejo. 
  • No caer en el  error de “Ay, ya ni modo, dejo la dieta hasta enero”.
  • Y si se puede, consumir agua simple y realizar ejercicio.  

Si perseveran con estas recomendaciones, recibirán 2018 con cero estragos por las fiestas, ¿no se les antoja?

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