Marilyn | Querétaro

No era una mujer bella: era la belleza misma. Las facciones de su rostro, las curvas de su cuerpo, la coquetería de su sonrisa, definieron un paradigma para la mujer en el mundo, a partir de los años 50 del siglo XX.

El 27 de abril de 2022, en Netflix, se dio a conocer El misterio de Marilyn Monroe, documental dirigido por Emma Cooper, narrado por Anthony Summers. En esta cinta, se analiza la vida de Norma Jeane Mortenson, su nombre original, cuya tragedia se contrapone con las imágenes que la volvieron un icono de nuestro tiempo.
Marilyn rehuía las relaciones estables a largo plazo, pues en el fondo era un ser vulnerable, sin capacidad de entrega o compromiso emocional. 

Su muerte ocurrió en 1962 y todavía hoy provoca interrogantes: ¿accidente?, ¿suicidio?, ¿algo peor, cuyas pruebas permanecen ocultas? 

No conoció a su padre biológico. Su madre tuvo varias relaciones y matrimonios. Marilyn se sintió siempre una niña abandonada. Durante su niñez, vivió en diez hogares de acogida y dos años en un orfanato. Era muy pequeña cuando su madre biológica fue confinada en un hospital para enfermos mentales.

El doctor Ralph Greenson, su psiquiatra, determinó que su frágil equilibrio se derivaba de esa infancia de abandono y dolor. 

Monroe era una gran lectora y deseaba publicar sus pensamientos. En su biblioteca personal abundaban obras de los grandes autores del mundo. Su segundo marido fue el escritor Arthur Miller, aclamado por sus obras de teatro, Premio Príncipe de Asturias 2002. Durante su matrimonio, Marilyn abusó de los medicamentos para conciliar el sueño, así como del alcohol; eso propició el divorcio. Miller era de filiación comunista y por tanto estuvo por años bajo la lupa de las agencias de investigación del gobierno de Estados Unidos; la pareja frecuentaba amigos intelectuales de izquierda radical en diferentes viajes internacionales. 

Entre los poemas escritos por la actriz, rescato este:

“Mi amor duerme junto a mí / en la tenue luz / miro su mandíbula viril / y la boca de su juventud regresa / con una suavidad mayor / su sensibilidad tiembla / en la quietud / sus ojos deben haber mirado / con curiosidad desde la cueva del niño pequeño / cuando las cosas que no entendía, olvidaba / pero ¿lucirá así cuando esté muerto? / Oh, insoportable hecho, inevitable. / Pero, ¿más pronto morirá su amor, o él?”

A las 3 de la madrugada del 5 de agosto de 1962, el ama de llaves de la actriz quiso entrar a su habitación para revisar su estado de salud y la encontró cerrada. Llamó al doctor Greenson, quien rompió una ventana para entrar. Marilyn estaba en cama, al parecer víctima de una sobredosis. La policía hurgó, clasificó, confiscó y archivó sus pertenencias. La mujer con rostro de niña, la hermosura misma, dejó diarios que son prueba de que un dolor profundo carcomía sus entrañas. 

Otro de sus poemas dice: “Oh, Tiempo, / sé amable. / Ayuda a este ser maltrecho / a olvidar lo que es triste de recordar. / Libera mi soledad. / Aligera mi mente / mientras devoras mi carne”.
Miller escribió:

“Para haber sobrevivido, ella tendría que haber sido más cínica, o más alejada de la realidad de lo que ya estaba. En su lugar, fue una poeta en una esquina de la calle, tratando de recitar ante una multitud que le arrebataba la ropa”. 

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