Manos a la obra

Abigaíl Arredondo

Hace 92 años, justamente el primero de marzo de 1929, en el emblemático Teatro de la República de la ciudad de Querétaro, se fundó el Partido Nacional Revolucionario, antecedente mediato del actual Revolucionario Institucional.

La creación de este instituto político, único en su tipo, se dio en un ambiente relativamente turbulento. Acababa de ser asesinado el presidente Álvaro Obregón, último gran caudillo de la revolución mexicana y el ambiente político estaba muy tenso. 

En su informe de gobierno, el general Plutarco Elías Calles fue claro y conciso en su finalidad: “…pasar de un sistema más o menos velado, de “gobiernos de caudillos” a un más franco “régimen de instituciones…”, así como “…crear un organismo de carácter político, en el cual se fusionen todos los elementos revolucionarios que sinceramente deseen el cumplimiento de un programa y el ejercicio de la democracia…”

Con estos principios, se sentaron las bases del Partido Revolucionario Institucional, organismo que, durante gran parte de la historia del México moderno, estuvo estrechamente vinculado con la vida y esencia de nuestro país.

Más allá de posturas e ideas, algo que no podemos negar es que el PRI sentó las bases de las instituciones. Pasamos de un régimen de terror y caos, gobernado por las armas y caudillos, a un régimen sostenido en organizaciones y leyes. Pero además, sembró las bases del México moderno, impulsando la industria y el crecimiento económico.

El PRI es el único partido que ha transitado por transformaciones sustanciales en su ideología. Se ha mostrado como partido de izquierda y de derecha, adoptando últimamente una postura de centro. Y es que algo que ha demostrado la historia con el devenir de los tiempos, es que en la vida y la política no hay posturas absolutas, influye mucho el contexto y los hechos. El equilibrio es base para llevar a buen puerto las decisiones.

Eso fue lo que hace algunos ayeres me atrajo al PRI, una organización política con organización, estructura, pero, sobre todo, sentido social.

Reconocemos las funciones positivas del mercado, pero también arropamos a quienes más lo necesitan. Buscamos alcanzar una verdadera justicia social. Es una institución que está al servicio de la gente y que busca, por diversas formas, ser protagonista en la transformación positiva de nuestro pueblo. Gracias al PRI, he tenido la oportunidad de desenvolverme en lo que más me gusta y apasiona: el servicio público, ayudar a los demás.

Por ello, es un honor para mí dirigir los trabajos de este importante instituto político en mi bello estado de Querétaro. Por un lado, porque aquí vio su nacimiento, pero además, porque en nuestra entidad podemos afirmar que los gobiernos priistas han dado buenos resultados.

Los retos son muchos, pero para mí son oportunidades. Tenemos el deber de dar resultados y distinguirnos de las demás ofertas políticas.

El camino no será sencillo, pero estoy convencida que, con el apoyo de la militancia, nuestros sectores y organizaciones, así como la población que se ha decantado de la 4T o que reprueban los abusos de su partido antagónico; lograremos conformar una base fuerte y sólida para el 2024.

Es un orgullo tener esta oportunidad e impulsar una renovación desde esta trinchera, con todas y todos, sumemos fuerzas y pongamos manos a la obra. 

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